Esta
semana han pasado varias cosas que han llevado a que un interrogante ronde
por mi cabeza de forma reiterativa y recurrente. La
pregunta en cuestión es: ¿Por qué todavía, en pleno siglo XXI, en un país
desarrollado y moderno como este (bueno, es discutible en algunos casos y
además vamos en franco retroceso pero aun así nos tomaremos la licencia de catalogarlo como tal), es tan
difícil que llegue a toda la población la idea de que la amistad entre personas
de distinto sexo no solo es posible, sino además, tremendamente enriquecedora?
Te
ponen a analizar esa frase en un examen de sintaxis y te clavas el boli en la
frente.
Una de
las principales razones de que me plantee dicho tema ha sido el hecho de que un
hombre de una cierta edad, no un pipiolín con las hormonas disparadas, al que le
presupongo cultura, y que por su bagaje vital ha tenido ocasión de residir y
visitar otros lugares lejanos y distintos, con la consecuente apertura de mente
que, al menos en mi opinión, esto debe implicar, el otro día me soltó una perla
tal como esta: «Pienso que la amistad entre hombres y mujeres es imposible
porque uno de los dos siempre querrá hacer el amor con el otro.»
Yo
disiento, puesto que tengo y he tenido amigos ( OS. Terminación en
masculino y plural) y no hemos tenido ninguna necesidad insuperable de juntar
nada más de lo que se puede considerar apropiado en este tipo de relación. Todo
esto no ha impedido, no obstante, que uniésemos otras partes igual de íntimas o más que las anteriores. Unas que no
se cubren con ropa, pero cuya pública exhibición nos produciría más reparo que
la desnudez física. Juntos nos hemos reído, hemos llorado y hemos tenido largas
charlas acerca de lo divino y de lo humano sin acabar por ello en el lecho (ni
en el baño de un bar o el asiento trasero de un coche).
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Rubia sosa y guapísima, muy buena en plan platónico. |
Un poco
de tensión sexual llevada con humor (Ummmmmm
reflexiono) no es malo del todo. Es como el ajo y la pimienta como condimento
de algunas verduras, se puede pasar sin ello
pero pierde gran parte de su encanto.
Pero
volvamos al sujeto en cuestión. Tras una velada, al menos interesante, me
confesó que no se esperaba para nada que yo fuera así, que en algunos momentos
se había sentido apabullado por mi intelecto (ser rubia hace que la gente
presuponga cosas) , y que nunca había tenido una conversación como aquella con
una nena. Yo me asombré, claro está, acostumbrada como estoy a mantener este
tipo de charlas a menudo, y le recomendé que intentara un diálogo de verdad con
más congéneres femeninos, seguro que la experiencia le sorprendería de forma
grata.
En
definitivas cuentas, parece que aunar mujer y persona en un mismo término es
algo complicado. Quizás esto se deba a algún tipo de resorte atávico que
impulsa a diferenciar el sujeto follable del escuchable, no lo sé con seguridad.
Y si la mente se ve nublada por el primero, anula de forma automática al
segundo. Hace falta pues un pequeño ejercicio de concentración para poder
valorar que la mitad de la población mundial no ha sido puesta en el mundo con
el único propósito de satisfacer nuestros apetitos más básicos de cópula y
reproducción, (ojo, que aunque algo difuso y primigenio hable en el interior
del hombre instándole a esparcir su semilla como el polen en primavera, si a
ellos les sugieres el tema, seguro que pierden la libido a la velocidad del
rayo. Paradojas de la vida). Además esto resultaría muy aburrido: Ir por la
vida manteniendo en todo momento la pose de sujeto interesante y atractivo,
sería agotador y frustrante.
Sin embargo poco después, (creo que fue al día siguiente. A veces trasnocho,
madrugo y me lío) tumbada en el sofá, me dediqué a chuparme una nochecita de
pelis españolas, con este humor tan nuestro. Los lagos en cuestión fueron, por
este orden: Fuga de cerebros, que trata acerca de unos pobres chicos, un poco raritos
(la sal de la tierra), que deciden falsificar sus calificaciones escolares
(usando no poca habilidad e imaginación) para viajar a Oxford en busca del amor
platónico de uno de ellos. Allí todos y cada uno de los implicados deben hacer uso de sus recursos, tanto para ayudar a
su colega, como para sincerarse con ellos mismos y sus limitaciones, en busca
de una compañera ideal. Final feliz e historia de superación. Hasta
aquí todo bien.
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Rubia divertida. Serás la envidia de tus amigos. |
La
segunda, Pagafantas, nos habla por su parte de un nene también un tanto
especial (parece ser una tónica muy nuestra) que, tras romper la monótona
relación con su novia de siempre, se dedica a intentar engañar a sus colegas
para salir entre semana en busca de unos ligues que se resisten a ser
conquistados. Un buen día conoce a una argentina (pequeñita pero muy salada)
que está loca como una rana en una batidora y que le llevará por el camino de la
amargura. Donde él ve amor (también sexo), ella ve amistad ( y formas de putear
al pobre, dicho sea de paso). Así que ya la tenemos liada. Como trama
secundaría, encontramos al amigo de toda la vida del fallecido padre de nuestro
Casanova, que hará cualquier tipo de locura por llamar la atención de la madre
de este (el protagonista) en vano. La mujer no dejará de verle como un amigo
hasta que pierda unos favores a los que ya estaba tan acostumbrada, que daba
por supuestos sin valorarlos.
Ahora
me diréis: Pero menudo coñazo nos está contando la rubia.
En
efecto, así es. Pero si seguís mi argumentación (cosa difícil, lo reconozco,
que ando fina), a lo mejor os dais cuenta de que en ninguno de los casos nos
presenta la amistad entre hombres y mujeres como algo viable.
No hay apenas ninguna conversación y, si mi
apuráis, ninguna acción realizada por parte de los nenes que no tenga por
finalidad meterse en las bragas de las féminas (con más o menos afecto de por
medio, no lo niego, pero lo mismo me da).
Y esto
me jode porque creo que por culpa de las actitudes gilipollescas del cortejo, (infructuoso, casi siempre) que me
encuentro, estoy perdiendo la oportunidad de conocer a personas con pene que
merecen la pena.
En definitiva,
mi problema es que soy insaciable. Me pierdo por horas y horas de charla banal
y distendida, de cañas y tapitas. Por proyectos juntos y sesiones de aprendizaje.
Por estar espalda contra espalda en una
trinchera. Porque una voz masculina me
llame de madrugada y me diga: «So, necesito tu ayuda, rubia. Trae munición y el
Thunderbird».
Tengo
mucho vicio, debería limitarme al choof plastificado final y al «ya te llamaré,
nena» tras los tres minutos quince
segundos en los que soy capaz de solucionar esos lances.
Os
quiero, nenes, vosotros sabéis a quienes me refiero.
Mañana
martes otra rubia, otro estilo “La Jefa de Todo Esto”a la que llamaban en los
reuniones de yakuza, con tono velado por el miedo y el respeto, Regina Roman.
La Mota
Rosa.
Yo debo andar algo nublado. Tengo mi opinión, sustentada por la realidad, y en esa realidad mía, es completamente posible ese tipo de relaciones. De hecho, no me fijo en lo que se esconde entre las piernas a la hora de relacionarme, pero ya me lo digo a mí mismo, debe ser demasiado clásico. La tensión sexual está bien si se desea alentar espectativas o jugar, pero porque si no me va. Porque sí me gusta una charla. Buenas noches
ResponderEliminarAh, y el comentario no va con intención de meterme en las bragas de nadie. A estas horas sólo me apetece meterme entre las sábanas y dormir. Buenas semana a tod@s
ResponderEliminarSi follas un cuerpo, son 3 minutos. Si eres joven lo puedes repetir tres veces. Con preliminares 30 minutos.
ResponderEliminarSi follas una mente, duras lo que sean capaz tus neuronas. Reponiendo glucosa, puedes estar 12 horas sin parar, eso son 24 veces lo de antes.
Naturalmente, si hay TSNR por medio, la cosa se complica un poco, pero a veces es un solo juego, ya que yendo más allá podrías perder el resto del premio, y por 3 minutos perder las 12 horas.
Totalmente de acuerdo. Se pueden tener amigos del sexo contrario sin que te apetezca en absoluto meterte en la cama con ell@s. Y si son amigos de verdad, de esos que merecen la pena, se corre el riesgo de estropear e incluso perder una buena amistad por un simple polvo.
ResponderEliminarBesitos
¡Ay! No sé, Ru.
ResponderEliminar¿Se pueden tener amigos? ¿Se pueden tener amigas?
Yo creo que he tenido de ambos pero ¿si no duran son amigos o amigas?
No sé, Ru ¡Ay!
creo que tenemos en común eso de querer más. Yo quiero más todo el rato.