Ingredientes
-Un litro de exasperación.
-Cuarto
y mitad de abusones alrededor de tu vida, tiñendo
tu pasado de inolvidables momentos de sacrificio por el bien ajeno.
-Dos
cucharadas de intención de mejorar.
-Una pizca
de apoyo moral (valen las amigas, las de verdad, algún pariente lúcido y desinteresado, un coach
majete y similares. Abstenerse sucedáneos de "amiguísimas" que sacan tajada de tu no saber decir NO y las
envidiosas. Esas siempre sobran).
-Un
espejo.
-Una
ramita de hierbabuena, jazmín o algún olor que te encante. Llevártela
a las narices te valdrá como método de relajación cuando vayas a caer de nuevo
en el servilismo más ingrato. Te hará sonreír para cuando tengas que
pronunciar la gran frase: "lo siento, NO puedo".
Preparación
No saber
decir "NO", nunca, a nadie, por nada, nos convierte en nuestros
peores enemigos. Terminamos siendo esclavos de los deseos de los demás y curiosamente, en lugar de ganarnos su afecto, a la
larga, aunque lo disfracen con apariencia de cariño,
perdemos por entero su respeto.

Hay
variantes de este "mendigueo". Cuando no se tiene suficiente dinero o
empatía con los cachivaches electrónicos, algunas personas se convierten en felpudo de los demás, tratan con ansia de hacerlos felices, con tal de que los
aprecien. Uno queda reducido a un punto invisible al final de la fila,
sacrificarse por el bien ajeno no es ningún problema y los intereses de
otros se anteponen a los nuestros.
Así nace lo que no es otra cosa que una anomalía psicológica basada en una autoestima
débil (o inexistente) y mermada: no saber decir NO, ser pasto
de los abusones.
El primer paso en la curación es IDENTIFICAR lo que
ocurre. Saber qué tipo de persona ATRAEMOS con
nuestra energía. Aceptar que el
DESAGRADECIMIENTO que obtenemos en pago de nuestros sacrificios, no es culpa
nuestra.
El segundo paso es aprender a QUERERNOS. Nosotros. A VALORARNOS. Nosotros.
Que el reconocimiento no llegue de fuera, que no nos sintamos valiosos, buenas
personas, atractivos o majos solo porque alguien se digne a piropearnos. El
sentimiento de que LO SOMOS debe provenir del interior y ser espontáneo y reflejo. No depender del halago ni del afecto ajeno
nos hará LIBRES.
El tercer paso, trazar nuestro camino hacia nuestras metas. Las nuestras.
Nuestros objetivos, no los de los demás. Podemos hacer pausas, altos
en el camino para reforzar lazos de amistad, apoyar a otro, pero procuraremos
que nuestras acciones no vayan en detrimento de nuestros propios intereses.
Eso no es
ser egoístas, es saber quererse y
quererse bien.
He visto a tanta gente
desgraciada por este motivo que quise dedicarle un libro al problema. Si estáis interesados, "QuiérOme
mucho" (Editorial Versátil) puede haceros pasar un
buen rato de reflexiones y distracción.
Besos y
hasta la próxima.
Graaaaacias a So, mi rubia favorita, por colgarme el post de esta semana, que ando descalabrá y sin ordenador que me ladre. La rubia apoyada en la encimera es de su cosecha y me gusta una jartá. Hala, a quererse.
ResponderEliminarBesos muchos :)
La receta es perfecta. Yo añadiré dos cucharadas más de intención de mejorar. Lo tóxico lo estoy dejando de lado (personas y tabaco) y estoy practicando el NO. Con dos galletas de la Ali estaré listo. Besos
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