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martes, 30 de abril de 2013

LA MOTA ROSA: Desmemorias





 
Esta semana desfilé en dos ocasiones con el equipo de “40ñeras la serie” por la alfombra roja. No era mi primera vez aunque las piernas me temblasen igual. Me estrené el pasado año con un vestido de gala y una chupa de cuero que dieron mucho que hablar, con el largometraje “Behaviors” un más que digno homenaje a Quentin Tarantino que gustó mucho y nos dejó muy satisfechos.

Hoy, pasados los nervios, el dolor de pies, el cansancio absoluto y la resaca (que todo hay que decirlo), se me viene a la memoria un episodio, casi anecdótico a estas alturas, que pese a pertenecer a mi más honda intimidad voy a compartir con vosotr@s. Porque lo valéis.

Andaba yo por aquellos tiempos estudiando Artes Escénicas, combinándolo como podía con mi  demoledor trabajo, con más voluntad y pasión que fuerzas. Soñaba, como soñamos todos, y es lícito y perfectamente aceptable, con rodar películas y vivir la magia del cine y sus aledaños. Flotaba una servidora perdida en sus ilusiones, cuando pillé a una que se suponía “amiga” (sí, de esas que te quieren, te aprecian y se preocupan por ti) clavándome navajazos por la espalda y comentándole a otra amiga común:

—Esta ya se ve haciendo la alfombra roja, la muy gilipollas.

Di que sí. Así es como se supone que deben comportarse las amigas. Apoyándote y animándote para que alcances la cima de aquello que te hará tan feliz. Y digo yo una cosa: si ni siquiera te alegras por mis logros, ¿qué puedo esperar de ti?

Pese a ello y al dolor que me provocó escucharla (sus intentos patéticos por arreglar la metedura de pata de poco sirvieron, soy buena, no imbécil del todo), la cosa quedó en el olvido, y seguimos tan amigas. Lo sé, no tengo perdón. El tiempo pasó y se acumularon otras historias que quizá no me incumbían pero que me separaron de ella y… en resumen, esa persona ya no está en mi vida.



Este ejercicio de “desmemoria” me lleva a cuestionarme la cantidad de gente que pulula a nuestro alrededor (ignoro con qué objeto, yo poco puedo darles aparte de un montón de chistes, muchos ánimos y bastante alegría), empeñados en hacerte creer que son tus amigos, que te quieren, que harían cualquier cosa por ti cuando en realidad te desean lo peor, que te estrelles ante sus ojos (para poder disfrutarlo) y a la mayor brevedad. Aunque claro, una cosa es lo que otros te deseen y otra el poder inmenso de tu voluntad, tu tesón, tu trabajo y la esperanzada energía que pongas en las cosas. Con estos ingredientes muchas veces, mla que les pese, se llega.

Así que sí, querida a-amiga, no sé los tuyos pero mis sueños pesan, y toman forma, se moldean y son hermosos. Te deseo lo mejor, que realices los tuyos (si es que los tienes), que llegues a donde te has propuesto sin pisarle el cuello a nadie (aunque no sé si eso va con tu estilo) y que jamás sufras la decepción de escuchar a quien crees amiga, mofarse de tus ilusiones y embarrarlas.

Puede pasar, sin embargo, que llegues, como he llegado yo. Y esa persona tenga que tragarse sus burlas. Pero esa es otra historia y ya la contaremos otro día.

Feliz martes, amores!!






¿Y qué decir de mañana? Que como es miércoles tocan las galletas y que las trae su cocinera, Alicia Pérez Gil. La inigualable.