Mostrando entradas con la etiqueta Encuentro en tacones. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Encuentro en tacones. Mostrar todas las entradas

jueves, 7 de noviembre de 2013

Encuentro en tacones. Las primeras no se olvidan.



Llevo tanto tiempo sin pasar por aquí a dejar mis “tonteridas”, que hasta me parece diferente este huequito perdido de la red.
¿No os pasa eso? A veces tardamos tanto tiempo en regresar a ciertos sitios que cuando volvemos nos parecen nuevos, parece una primera vez. O quizás es que esté sentimental, o que me tiene que venir mi prima la de Mostoles, vete a saber qué le pasará a esta cabeza loca que tengo de adorno sobre los hombros.
El caso es que las primeras veces están sobrevaloradas, siempre las recordaremos, sí, una putada en ciertos casos y una sonrisa inconsciente en otros, pero por ser la primera vez, ahí están para el recuerdo.
Yo tengo muchas primeras veces preferidas, una de ellas fue cuando vi la cara de mi hijo, con toda esa porquería cubriéndole los mofletes medio amoratados, eso es una primera vez y lo demás son tonterías.
Otra primera vez memorable fue el día que conocí mi casa, supongo que os parecerá algo sin importancia, pero tengo un recuerdo muy bonito de aquella visita rápida a una casa destartalada y llena de rincones en los que gastar una asquerosa cantidad de dinero. No era nueva, ni la más bonita, ni la mejor, pero la vi con ojos soñadores y eso siempre ayuda, la imaginación nos ofrece ver el futuro, aunque muchas veces el futuro nunca es como lo imaginaste en un principio.
Recuerdo el primer día que conocí a mi hermana, fue mágico. No solo verifiqué que era una de las mejores personas que conocería en mi vida, si no que me ofreció su casa, sus hijos y todo lo que poseía, pidiéndome una sola cosa a cambio, no separarnos jamás. Y os prometo que cumpliré mi promesa. Sonará muy cursi y empalagoso, pero ella da luz a los días en los que solo veo negro en el horizonte.
O mi primera vez en publicar en tacones, con aquella ilusión por colaborar con mis chicas, mis compañeras taconeras, a las que quiero un montón. 
Otras primeras veces, esas que supongo a todos os gustaría que contara, pues eso, fueron primeras veces, pero demasiado personales como para dar detalles públicamente.  
Muchos de los que me seguís o leéis de vez en cuando, sabréis de mi obsesión por cierto cantante, mi admirado Jack White, que no solo me gusta su música, o su voz, o la manera magistral con la que toca su guitarra (con esas manos no puede hacer nada malo “suspiro”). Sino, que ha conseguido lo que muchos otros artistas no han logrado, y es reinventarse en el mundo de la música sin caer en lo comercial y absurdo.
La primera vez que lo vi en concierto, y lamento decir que la única (por ahora, “suspiro de nuevo”), fue algo inolvidable. Estaba guapísimo, hizo un concierto digno de las mejores salas y me quedé muy satisfecha al comprobar que él también se había sorprendido de la buena acogida que los fans de Madrid le dimos, estoy segura de que no se esperaba ver tan entregados a un grupo de gente que coreaba todas y cada una de sus canciones, contando con que su nuevo disco llevaba en el mercado menos de un mes. Lo pude ver en primera fila, estar a un metro de distancia de él.
Cuando voy a un concierto me pone muy nerviosa las chiquillas que parece que se les acaba el mundo por ver a su ídolo, que pierden los nervios, gritan, lloran, se desmayan… Yo me emociono, sí, pero no creo que haya que mitificar a una persona hasta esos límites.
Dentro de una semana tendré una segunda vez con otro de mis cantantes favoritos, y cuidado, no caigáis en el error de compararlos, mi Jack siempre será mi Jack.


Artic Monkeys, los conozco desde hace unos años y desde el principio me cautivaron, sobre todo él, uno de los mejores cantantes en habla inglesa, bajo mi punto de vista, claro. Y es que Alex Turner tiene esa pronunciación y melodía en la voz que podría enamorar a cualquier mujer que se propusiera.
No es de extrañar que este inglés tenga ese acento tan pulcro; de padres profesores y bebiendo de grandes como lo son Oasis, este chico tan joven dio un gran golpe en el mundo discográfico. 
Mi primera vez fue el año pasado, los vi en directo cuando vinieron a Madrid para la gira de su anterior álbum “Suck It and See”, y este año, para delicia de sus seguidores, vuelven a la carga con su nuevo trabajo “AM”.
Aquí os dejo el enlace del anuncio del concierto. Hace varios meses que tengo mis entradas, pero creo que aún quedan a la venta. (Además de Madrid, también estarán en Barcelona)



Pero basta de halagos, os mostraré un poquito de ellos para que podáis juzgar por vosotros mismos. Y para no aburrir al personal, solo pondré una de sus canciones, la última, la que me ha vencido y me tiene todo el día tarareando. Es lenta, pero con una fuerza brutal, con esas letras que tan bien sabe crear Alex, ya que no solo es el vocalista y guitarrista del grupo, si no que él mismo compone sus temas, e incluso ha dirigido algunos de los vídeos musicales de sus canciones.
En esta ocasión ha sido un fan el que ha dado imagen a esta espectacular canción, algo diferente, una sucesión de bocetos dibujados creados por Ryan Woodward, que recrea la historia de un amor y su sufrimiento, bajo mi punto de vista, una combinación sublime. Os recomiendo abrir pantalla completa y disfrutar de la historia que cuenta. A veces con muy poco te pueden emocionar.

Ya me contaréis qué os ha parecido ;)





Y hasta aquí puedo leer, espero que os haya gustado la entrada “rara/musical/primera vez” de esta semana.

Un beso para todos y que paséis un fin de semana estupendo.





viernes, 6 de septiembre de 2013

Encuentro en tacones. Una red peligrosa.



Hola mis taconeros/cañeros más molones, hoy traigo una entrada un poco seria, me suele pasar pocas veces, pero con ciertos temas es lo que toca.

Esta semana será un poquito especial, hace un par de días publicaron uno de mis artículos en el periódico para el que colaboro; normalmente suelen estar relacionados con la sexualidad, pero en esta ocasión he preferido utilizar mi sección para sacar a colación un tema que creo importante en los tiempos en los que vivimos, el ciber-acoso.

Hace unas semanas me enteré, gracias a las noticias, del caso de Amanda Todd, una joven chiquilla que se había suicidado por sufrir esta clase de ataques, tanto en Internet como en su vida social y estudiantil. El suceso me llegó al alma, por lo que decidí ahondar un poco en el tema y plasmar mi punto de vista.

Me gustaría que todos los que leyesen mi artículo se sintieran de alguna forma aludidos por el texto, y por supuesto, en ese “todos” me incluyo yo misma, ya que en muchas ocasiones somos parte (a pequeña escala o inconscientemente) del problema.

Os dejo el enlace al periódico, espero que os guste:








El vídeo que acompaña mi entrada de esta semana es importante, está relacionado con el tema del que estoy hablando. Sé que trata en gran parte de lo aceptada o no que está la homosexualidad en la sociedad; una critica muy original y que nos hace meditar, poniéndonos en la piel de los protagonistas.
Pero la relación que tiene este vídeo con mi articulo es eso mismo, el cambio que deberíamos hacer todos para que el acoso (ya sea escolar o cibernético) no existiera.





Muchas gracias por leerme, hoy os lo agradezco doblemente.
Sé que mis entradas no suelen ser tan serias, pero de vez en cuando viene bien el cambio.

Prometo que para la próxima nos reiremos todos con las aventuras y desventuras de nuestras queridas taconeras :D

Un beso enorme para tod@s!!


viernes, 26 de julio de 2013

Encuentros en tacones. Tenemos un secreto.



— Deberíamos decírselo ya— dijo Connie mientras descorría las cortinas del piso.
— En serio, que la rubia no es tonta— contestó Karol con aire despreocupado.
— Ya, pero no creo que haya llegado a la conclusión acertada ella solita, la cosa es complicada— habló Regina, un tanto absorta en sus planes para la noche.
— Vamos a ver, ¿en serio creéis que no se huele nada? Lo de que todas nosotras tengamos turno de noche no es lo más común— agregó Alicia antes de calzarse sus tacones de aguja.
— Yo pienso lo mismo, Irene no tiene ni idea de lo que pasa en esta casa, ella ha sido la última en llegar y ¿qué se ha encontrado? Una panda de nenas que trabajan en turno nocturno, que visten como vestimos, siempre con el maquillaje intacto y sobrecargado…— puntualizó So mirando con deseo los tacones de Alicia.
— Os repito que la rubia no es tonta y sabe muy bien dónde está metida— dijo Karol absorta entre las páginas de su libro.
— Pienso lo mismo que So, no solo por ese tipo de cosas, lo de las visitas constantes de hombres en casa ya raya lo peculiar. Podemos pasar por chicas jóvenes y promiscuas, que se divierten y saben montárselo divinamente, pero la cantidad de machos que entran por esa puerta es para levantar sospechas a cualquiera— intentó convencer Regina a la morena mientras se pintaba las uñas de rojo chillón.
— Si queréis que os sea sincera, lo único que no logro entender de Irene es porqué sigue tan campante— contestó Karol, mirando concentrada a sus compañeras de piso.
— ¿A qué te refieres con seguir tan campante? — Preguntó Alicia.
— Es que me resulta extraño que a ninguna de nosotras, por no decir todas, no la veamos apetecible, lleva varios meses viviendo aquí y ya nos deberíamos haber tirado encima de ella. No sé a vosotras, pero a mí es la primera vez que me pasa— confesó Karol levantando una ceja.
— Sí, yo también lo he notado, ¿curioso, verdad? Alguna vez me he levantado por el día y la he encontrado en el baño tomando una ducha. En cualquier otro momento me habría metido con ella y… pero no, nunca me ha atraído en ese sentido. Es muy raro sí, y más raro que nos pase a las cinco— dijo So arrugando el entrecejo.
— Pues yo no lo había pensado hasta ahora, pero tenéis razón, nunca he pensado en Irene de esa manera— agregó Connie.
— Lo dicho, ya ha anochecido y no tardará en llegar a casa, deberíamos contarle nuestro secreto. Se lo debemos— propuso Regina convencida.
— ¿Y crees que no se irá corriendo asqueada? No sería la primera vez que eso sucede— preguntó Alicia.

— Bueno, también podríamos incorporarla a nuestro plan de vida, por llamarlo de alguna manera. Es una chica fuerte, lo mismo hasta le interesa— propuso So imaginando en su mente la escena.
— No, no, no, nada de eso, dejadla tranquila que ella tiene una vida feliz según está. No necesita mierdas como las nuestras, bastante tenemos nosotras con soportar lo que nos ha tocado— dijo Karol, en su tono de voz había cierto tono de tristeza.
— Lo dices como si nuestras vidas fuesen un asco. Perdona, bonita, pero yo estoy muy orgullosa de ser lo que soy, y bien que nos lo montamos, te quejarás — Contraatacó So ofendida.
— No estoy diciendo que sea algo por lo que avergonzarse, pero vivir así tiene muchas desventajas y en eso no me podéis contradecir— aclaró Karol.
— Se lo podemos proponer y que ella decida. Aunque para eso, tenemos que contarle nuestro secreto. Yo no estoy tan segura de que se huela la tostá, seguro que la tenemos hecha un lío con nuestros horarios y manías extrañas— dijo Regina mientras se ponía la segunda capa de maquillaje.
— Pues ahí suena la puerta, así que decididlo rápido que la rubia ya está aquí— habló Connie.
La llave en la puerta sonó y tras ella apareció Irene con cara de pocos amigos. Pasó al salón donde sus compañeras de piso y amigas estaban reunidas, y tras un breve vistazo a sus caras de circunstancias, se acercó a la ventana para asomarse por ella.
La luna llena saludaba en el firmamento, una brisa cálida acompañaba a las primeras luces artificiales de la noche. Era verano y el bochorno se palpaba sobre la piel en forma de sudor pegajoso. Irene se dio la vuelta y encaró a sus cinco amigas que la observaban con demasiada atención.
— Vale, ya veo que como todos los días habéis dejado la casa cerrada a cal y canto, esto parece un horno, a ver cuándo os convencéis de que hay que poner aire acondicionado aquí dentro. Y ya me estáis contando qué es eso que os está pasando por la cabecita, huelo charla desde dos manzanas de distancia. Desembuchad— dijo Irene con los brazos cruzados y una ceja levantada.
— Pues verás, hemos estado hablando… el caso es que hemos decidido que lo mejor sería contarte qué hacemos todas las noches cuando salimos de casa— dijo Connie, a la que apoyaban todas sus amigas menos Karol, que miraba frustrada cómo su opinión no había contado para nada.
— Mmm...… confesiones… — Irene dejó en el aire la palabra y acto seguido se echó a reír a carcajadas.
La risa de la rubia era a cada segundo más alta y estridente. El resto de mujeres dentro de la habitación se miraban entre ellas confundidas.
Irene paró de reír abruptamente y se dio la vuelta, dando la espalda a sus compañeras de piso y encarando el ventanal. Su pelo empezó a crecer a una velocidad pasmosa; pasó de tener una melena por los hombros hasta llegarle los cabellos a la cintura, las uñas de sus manos crecieron un par de centímetros, largas y afiladas como cuchillos, arañando el cristal de la ventana; los vellos de sus piernas, brazos y pecho se alargaron considerablemente. Su espalda se curvó imperceptible y de su garganta salió un alarido gutural que dejó clavadas en el sitio a las cinco taconeras tras de ella.
Al darse la vuelta todas abrieron la boca con asombro. Un gran lobo de pelaje blanco y ojos grises se erguía sobre sus patas traseras, esbozando una mueca en su rostro que bien podría tratarse de una sonrisa.
Las cinco chicas, alucinadas, escucharon dentro de sus cabezas:

“¿En serio pensabais que no sabía vuestro secreto? La que os ha dado la sorpresa he sido yo, ¿a que sí? Lo único que os tengo que decir es que en mi faceta lobuna apestáis de una manera muy desagradable, pero aún así os quiero mucho, chicas. Supongo que es raro que una mujer lobo como yo viva con un grupo de vampiras como vosotras, pero el mundo está loco, y desde un principio me caísteis bien. Bueno, no es por romper la magia del momento, pero tengo hambre y me gustaría salir con vosotras esta noche, montaremos una fiesta a todas luces épica. ¿Qué me decís?”  








Y la semana que viene nuestra Connie nos traerá una de sus entradas, interesantes aventuras se cuecen dentro de esa cabecita rubia y talentosa, no os perdáis "¿Qué hacer antes de los 30?"



miércoles, 19 de junio de 2013

Encuentro en tacones. Tengo una frase para ti.


Desde por la mañana, Flor estaba algo nerviosa, había concertado una cita con uno de los directivos de la empresa en la que quería conseguir un puesto de trabajo, y aunque sabía que estaba cualificada, los nervios siempre le jugaban malas pasadas en las primeras impresiones.
Salió de su piso para despejarse un poco, de todos modos aún quedaban más de cinco horas para su cita laboral. Al entrar al ascensor se encontró de frente con su nuevo vecino de arriba, un hombre muy atractivo, aparentemente soltero y que vestía muy elegante. Le dio las buenas tardes y poniéndose a su lado, observó que el número de piso al que bajaba ya estaba marcado en el panel.
Al mirarlo de reojo, vio claramente un guiño acompañado de una sonrisa encantadora y no pudo reprimir el sonrojo de sus mejillas, quizás el día no acabara mal de todas formas.
Al llegar a la planta baja, él, muy caballeroso le indicó con un gesto de la mano que saliera del ascensor, y se despidió de Flor con un: “Que tenga un buen día, señorita encantadora”
Flor paseó por el parque cercano a su bloque de pisos mientras fantaseaba con su nuevo vecino, imaginando que tal vez la pediría una cita para cenar en su próximo encuentro.
Al día siguiente y tras haber dormido sus irrefutables ocho horas, se hizo un café y se dirigió a la ventana del salón para ver qué clase de tiempo hacía. Allí en la calle estaba su vecino, con un bote de pintura negra en la mano, haciendo un graffiti en el muro de las obras frente a su edificio.
“EL DESTINO ME LLEVÓ HASTA TI Y NO PIENSO DESPERDICIAR LA OPORTUNIDAD DE TENERTE”
Alucinada, Flor miraba al hombre de espaldas, mientras garabateaba en letras grandes aquella frase tan romántica. Al terminar la última letra se giró sobre sus talones y miró fijamente a la ventana donde estaba Flor, asomada con su taza de café en la mano.
Un escalofrío le recorrió la columna y a causa de la vergüenza, cerró las cortinas y se alejó de la ventana, sentándose en el sillón con cara de lela.
Después de dos horas planteándose qué hacer, decidió subir al piso de arriba y llamar a la puerta de aquel extraño hombre, pero nadie abrió, por lo que volvió a su piso y esperó un nuevo encuentro para iniciar la conversación.
Había pasado toda la noche pensando en aquella frase del muro, tenía unas ojeras enormes y estaba preocupada por no haber recibido respuesta sobre su entrevista de trabajo. Lo único que esperaba era que el nuevo día trajera buenas noticias en ambos casos.
Al asomarse a la ventana, con su acostumbrado café con leche, volvió a ver a su vecino frente al muro, esta vez la frase era:
“CONSEGUIRÉ CONQUISTARTE, SÉ QUE LO NUESTRO FUNCIONARÍA”
Flor no se podía creer que aquellas palabras fuesen dirigidas a ella, pero la mirada insinuante de aquel hombre era una prueba, si no ¿por qué la miraría si no fuese así?
Otro día más, otro café con dos terrones de azúcar y de nuevo su vecino con el spray en la mano, serigrafiando la pared medio derruida frente a su casa:
“SIEMPRE HAY QUE SEGUIR LOS DICTÁMENES DEL CORAZÓN, LO QUE SE DESEA CON FUERZA, SE TERMINA CONSIGUIENDO”
Ella no lograba entender aquel comportamiento, si quería una cita, un acercamiento, por qué no pedírselo directamente. Empezaba a dudar si aquellas frases se las dirigía a ella cuando, él se dio la vuelta y le lanzó un beso con la mano.


Todo era demasiado raro, estaba descolocada, le gustaba mucho el hombre de traje oscuro, pero no quería ser ella la que diera el primer paso, ya lo intentó el primer día, pero ahora deseaba que fuese él quien le dijera claramente sus intenciones.
Cuarto día de café y ventana, y allí a la misma hora y con el mismo bote de pintura estaba el hombre del que se estaba enamorando lentamente:
“ME MUERO POR ESTAR CONTIGO, PIENSO EN TI A CADA SEGUNDO”
En cuanto Flor leyó aquella frase, nada más ver su mirada como cada día, salió del piso corriendo a su encuentro, quería saber a qué eran debidos tantos rodeos, quería comprobar si realmente aquella fantasía era de verdad. Pero al llegar al muro, él ya no estaba, había desaparecido.
Entonces se dio cuenta de un detalle en el que no había reparado hasta el momento, bajo cada una de las frases escritas y en letras más pequeñas, estaba la fecha del día en el que las escribió. Flor suspiró y se prometió a sí misma que ese día lo buscaría para hablar con él.
Pasó el día entero leyendo en el hall de su edificio, esperando que su vecino regresara del trabajo, preparada para abordarlo, preguntándole el motivo de sus frases; pero se quedó dormida en el banco de madera y cuando abrió los ojos ya había amanecido. Su aspecto era deplorable, por lo que subió a su apartamento para tomar su café y adecentarse antes de que apareciese el hombre que la tenía obsesionada.
Tras cambiarse de ropa y colocar sus cabellos, miró por la ventana.
La nueva frase ya estaba escrita, había llegado tarde, o él se había adelantado:
“POR FAVOR, ¿ME DEJARÍAS ACOMPAÑARTE EL RESTO DE TUS DÍAS?”
Justo antes de salir corriendo para darle una contestación, se dio cuenta de que él hacía inequívocas señas para que se acercara. Lo extraño era que los gestos esta vez no eran hacia arriba, donde ella se encontraba, si no que miraba a la puerta de su edificio.
Enseguida aparecieron en su campo visual tres personas, dos niños agarrando de las manos a una mujer con los ojos vendados. La mujer al estar junto a él, se quitó la venda y leyó las frases del muro, él se puso de rodillas en el suelo y tras unos minutos de expectación, se abrazaron y besaron delante de los dos niños, que aplaudían con entusiasmo.
Flor se dejó caer en el suelo, pegando la espalda a la pared, desolada, sintiéndose estúpida, recriminándose por ser tan egocéntrica e idiota.
Esperó un buen rato en aquella postura fetal, y cuándo creyó tener las fuerzas necesarias para levantarse, salió a la calle y se dirigió al muro que había protagonizado todas sus fantasías. Lo último escrito, con otra caligrafía diferente y el mismo spray, era:
“TE PERDONO, VUELVE A CASA”
Flor se dio la vuelta y encaró la fachada de su piso, arriba de su casa, en la ventana que pertenecía a su vecino, estaba la cámara de vídeo que había grabado cada una de las pintadas, cada uno de los días en los que aquel hombre intentaba reconquistar a su esposa.

Traspasaba abatida la puerta de su apartamento cuando el teléfono sonó en la sala, corrió para descolgarlo. Al menos, había conseguido el puesto de trabajo.





Y la semana que viene, nuestra Connie, deseando que pasen los días para leerla ...  

jueves, 30 de mayo de 2013

Encuentro en tacones. Respuestas que deberíamos tener en cuenta.




— Mira que tienes preguntas estúpidas, pero esta se lleva la palma, no sé cómo te aguantamos, ¡rubia de las narices! — Dijo cabreada Karol mientras ojeaba una revista de arte.
— No solo es una pregunta, es ¡la pregunta! Vosotras no sabéis lo que significa y la importancia que tiene saber la respuesta, y si lo pensáis un momento seguro que os decidíais, pero el problema llega cuando te la hacen y no tienes tiempo de pensar la respuesta, y luego puedes arrepentirte el resto de tu vida de la decisión apresurada que hayas tomado— contestó Irene afilando uno de los cuchillos de la cocina para usarlo después con la carne que echaría a la olla.
— Miradla, en serio se piensa que es tan importante y trascendental la puta pregunta, esta chica cada día está más grillada— siguió So refiriéndose a Irene.
— Es importante, creedme.
— Yo lo que digo es que no es una pregunta que se le tenga que hacer a las mujeres, eso hay que preguntárselo a los hombres, aunque tampoco veo con qué motivo, la verdad— dijo Alicia mirando por la ventana y desnudando con los ojos al vecino de enfrente.
— Yo ya lo he decidido, mi respuesta es: tetas— contestó Regina, dejando al resto de amigas con la boca abierta—. No me miréis así, si hay que contestar, contesto.
— No vale, tienes que especificar el porqué de tu respuesta— dijo Irene ahora más animada al ver que una de ellas le hacía caso.
— ¡Encuesta, encuesta! Yo también quiero, me encantan las encuestas, ¿qué hay qué contestar? — Preguntó Connie al entrar al salón.
— No es una encuesta, es una sola pregunta y ni siquiera tiene sentido, así que no te emociones rubia— dijo So mientras se acercaba a la ventana por petición de Alicia.
— Connie, la pregunta es la siguiente: ¿Qué prefieres, culo o tetas? — Dijo Irene con una sonrisa en los labios.
— Ah, pues sí que es una pregunta rara, pero yo prefiero culo, por supuesto— contestó Connie mientras se le arrugaba la frente al concentrarse.
— Y ahora me tienes que decir porqué elegiste culo.
— Pero ¿en serio le estáis siguiendo el juego? — Dijo Karol acercándose a So y Alicia.
— Pues sí que está bueno, sí— habló So.
— Ya te digo y además con algo dentro de la cabeza y los pantalones, espiritual…— siguió Alicia.
— Claro, es mejor estar mirando al tipo de enfrente que hacerme caso y contestar una pregunta sin importancia— se cabreó Irene con sus tres amigas asomadas hasta la cintura por la ventana.
— Pues yo creo que las tetas son más llamativas, supongo que por eso he respondido tetas, además el culo pasa desapercibido muchas veces, más si estás sentada, pero las tetas…— dijo Regina en esos momentos.
— Yo creo que no, un buen culo, es un buen culo, sujetadores que te pongan las tetas grandes y en su sitio hay miles, pero si tienes el culo fofo no lo soluciona ni una escapada al monte más alto y empinado— le debatió Connie.
— Pero es que esa no es la mentalidad, va mucho más allá de lo que pensáis, es mucho más profundo el razonamiento— dijo Irene, concentrada de nuevo en su juego.
— Menudos músculos tiene el pobrecito, ¿seguro que no es de esos que se miran más al espejo que a la chica que tienen en frente? — Preguntó Karol mientras babeaba por el vecinito.
— Las tetas son las tetas nena, si las tienes igual que dos higos chunbos no hay sujetador que solucione eso— dijo Regina tocándose las suyas con ambas manos.
— Eso es porque no conocéis los pantalones colombianos, ahora vienen también con Push-up para realzar las nalgas, así que con ambas cosas se engaña al personal— dijo So sin mirar dentro de la habitación.
— ¿Pero se puede saber de qué coño estáis hablando? Que la pregunta no iba por ahí, si es que hay que contároslo todo, ains…— suspiró Irene frustrada.
— Y dices que solo tiene veintiocho añitos, vaya, pues parece mayor, no mayor de viejo, si no más maduro, tú me entiendes— siguió Karol a lo suyo.
— Espera que os traigo uno de los pantalones que me compré el otro día, creo que es de esos que habla So, porque me sienta como un guante— Connie salió hacia su dormitorio como un rayo.
— Sí, lo cierto es que es muy formal y elegante, con esos jerseys de cuello alto y los pantalones de vestir, pero si se tiene que poner en plan fiera… vamos que no duda en hacerte el helicóptero él solito— aclaró Alicia.

— Os lo explicaré de una manera más sencilla—cortó Irene la conversación de sus amigas—, imaginad que hay que elegir qué órganos o partes de vuestro cuerpo donar, o que os rapta un degenerado y os dice que vais ha cortar un trozo de vuestr carne, al más puro estilo del Mercader de Venecia, quizás os propongan acostaros con otra tía y ella os da a elegir qué meteros primero en la boca, o puede que sea un hombre el que quiera jugar con vuestro cuerpo y la regla del juego diga que solo lo puede hacer con una sola parte de vuestra anatomía; ahora pensad que sois hombres, y vuestras parejas/mujeres/amantes os dicen que podéis entreteneros lo que quieras con ellas, pero solo con un rinconcito, dándoos a elegir los pechos o el culo. Total, que saber qué parte es la más importante, la que más os gusta, la que más os excita, os duele, os preocupa, o lo que sea, es algo primordial, así que pensad bien la respuesta porque en cualquier de esas hipotéticas/ficticias/probablemente imposibles situaciones, tendréis que saber muy bien lo que escoger, culo o tetas.
Las cinco amigas de Irene se quedaron paralizadas, con la boca y los ojos muy abiertos, contemplando a la rubia con preocupación y sorpresa. Definitivamente había perdido la cabeza por completo.
En esos momentos el timbre de la puerta sonó y al ver Irene que sus amigas estaban en estado de shock, fue ella hasta la entrada. Un hombre alto, musculoso y moreno la miraba de arriba abajo, reparando en el cuchillo que la rubia tenía en la mano.
— Hola, guapetón, si quieres entrar deberás escoger entre culo o tetas. ¿Qué me cuentas, nene?
El chico tartamudeó unos segundos y dijo con palabras entrecortadas:
— Yoyo… soso lo… veve nía… a bubus car… a Alicia.
— Pues o te decides por las tetas o el culo, o aquí no entras, preciosidad.











Quería aprovechar este espacio para dejar una pequeña información personal, por si a alguien le interesa :D
Este próximo lunes día 3 de junio, estaré firmando mi libro “Sé que estás ahí” en la Feria del libro de Madrid, en la caseta número 118 de la Librería Marabunta, de 18.00 a 19.00 horas, para los que quieran pasar a verme un ratito.

Muchas gracias amores y feliz semana!!!











   Y mañana y mucho mejor, tenemos a nuestra rubia loca, nuestra taconera más dulce, la escritora más talentosa y la mujer más maravillosa que os podéis encontrar: Connie y sus consejos de qué hacer antes de los 30!!!!


jueves, 16 de mayo de 2013

Encuentro en tacones. Si de escribir se trata…. escribamos



Después de proyectos fallidos, de catarros que te inutilizan las neuronas, de algún que otro pedo en ocasiones poco acertadas, saber que tu vecina del quinto ya no usa condón y pronto te regalará noches de ensueño y berridos cojonudos, algún que otro premio en el palo de un polo, escuchar como rugen tus tripas mientras miras la tarta de manzana que no probarás, escupir para arriba pensando que la gravedad hoy ha cambiado de idea, que te engañen con manipulaciones y falsas identidades, desertar de la clase de baile porque tienes una ampolla en el dedo pequeño del pie derecho por llevar unos tacones que no te tenías que haber puesto para esa boda a la que no tenías que haber ido (respira que no había comas), escribir una carta tres mil veces y borrarla antes de enviarla porque sabes que la respuesta, si hubiera o hubiese, no te va ha gustar, calentar por decimoquinta vez la sopa del cuenco, a sabiendas que terminarás tirándola por el retrete porque ya está incomestible, pero sigues calentándola, sigues observando cómo hace burbujitas el líquido amarillento y reseco en los bordes, y sigues riéndote como una idiota cuando una de esas burbujas salpica contra la puerta del microondas, tocarte ese grano del moflete que tenía que haberse curado hace días, pero ahí sigue el cabrón, meter el cepillo en tu pelo y saber que va ha doler, que dolerá mucho, que sentirás los folículos capilares quejarse y alguno dejará que el pelo se quede para siempre entre las cedras del peine ¡que cabrón el puto enredo! 

Salir a la calle vestida de la Princesa Leia y no saber si llevas el traje de esclava o el de princesa, lo único que tienes claro es que vas en plan comando, así, sin braguitas y con el escaso pelo de la depilación brasileña que te has hecho, sintiendo el airecito al andar despreocupada, quizás deberías tomar algo de chocolate, del dulce, no del otro, o mejor todavía, quizás deberías llamar a tus amigas y dejar de ser tan gilipollas, echarte unas risas con un par o docenas de margaritas de esos con sal en el borde de la copa, que te da asco, pero sin la sal no es lo mismo, reírte de quien use calcetines blancos con zapatos de vestir negros, o de ese subnormal que miraba tu escote mientras babeaba en el autobús mientras respiraba pausadamente y te decía: si fueses un bombón…. Hay piropos que merecen hostias a mano abierta. Puede que luego de un rato consigas explicarle a tu amigo que no tienes internet, aunque él se obstine en decir que es imposible porque la conversación que tenéis es por chat (hay hombres que no se enteran de la tostá), hasta puede que así sin querer, ni poder remediarlo, consigas escribir una historia con la que la gente se divierta y no tenga dolor de cabeza durante una semana, cosa que dudo, pero lo mismo hasta te sale bien y todo, la vida es tan extraña a veces…. Ahora que conseguiste poner orden dentro de tu armario de tres puertas lleno de ropa que te queda grande, como el traje de Rosa de España en la última gala de operación Triunfo, sabrás que detrás de toda esa ropa pasada de moda está el camisón de tu noche de bodas, ese que jamás estrenaste porque para lo que iba a durar es mejor no estropearlo, o te des cuenta de que los tickets que guardas de la feria del año pasado no sirven para la feria de este año, más que nada porque lo más seguro es que los de los cochecitos no sean las mismas personas, pero conservas la ilusión de poderte montar con tu prima la de Cuenca, a la que demasiadas veces le han puesto mirando para su dulce hogar. 

Será mejor que desconectes de una vez el calefactor, hay ocasiones en las que el aire frío mejora un poco la capacidad neuronal, y tú en estos momentos necesitas una buena dosis de electrochoque para colocar todas esas ideas absurdas que pasan por tu cabeza, hasta la obstinación que tienes últimamente con eso de soñar con espaguetis, en serio, que no es bueno ni recomendable, ya se fue, ya no está, ya nada quedó de aquellos días en los que el gato frente a tu ventana restregaba el lomo por la repisa y te guiñaba un ojo con picardía, ah, no, que no era un gato. Pues eso, que mejor contar todos los imanes de la nevera y tirar a tomar por culo la sopa eyaculada, me están empezando a dar arcadas de solo mirarla, que asco por favor, mira que hay que tener valor para volver a dar a la teclita de calentar, estás enferma.
Sí, definitivamente, estoy enferma…. Y sin Internet, Enjuto Mojamuto!!!!!!











Mañana y mucho más cuerda, o eso esperamos todos, incluidos nuestros cerebros desechos tras la entrada... viene nuestra preciosa Connie, a esta chica de pelo rubio y ojos que enamoran sí que hay que hacerle caso ^^


jueves, 9 de mayo de 2013

Encuentro en tacones. Cómo conocí a vuestra madre...


— ¿Qué se supone que haces? — Le dijo la rubia a la morena.
— No sé, pero están muy nerviosas y no me decido dónde ponerlas.
— Creo que lo mejor será hablar con el supervisor, tomar decisiones así y equivocarnos, es lo que te deja sin trabajo luego. Es preferible molestarlo en su hora de almuerzo.
— Pues si quieres preguntarle, tendrás que ser tú la que lo haga, la última vez que fui yo casi me estampa un trozo de beicon en la cara— contestó la rubia mientras tapaba el cuerpecito de la pequeña de rizos negros.
— Ya decía yo que me tocaría la sesión de miradas asesinas.
La mujer morena de metro sesenta se acercó al hombre canoso y de malas pulgas que consumía un plato precocinado en la cafetería del hospital. Al llegar a su mesa carraspeó para que el hombre se volviera hacia ella.
— Doctor, nos hemos quedado sin sitio y no sabemos qué hacer para limpiar todas las cestas sin molestar a los…
— Ese es el problema, pues ponedlos a todos en una misma canasta y punto, no creo que sea tan difícil— contestó enfadado con el bocado aún en la boca—, y ¿se puede saber por qué tenéis que limpiarlas todas al tiempo?
— Una de las pacientes ha venido infectada de piojos y ha plagado el quirófano de ellos, además de la cesta de su criatura. Creemos que lo más conveniente es desinfectar toda la sala.
La enfermera espero una nueva contestación que no llegó, y disculpándose por la interrupción se dirigió hacia las incubadoras de nuevo.


Al llegar avisó a su compañera de turno y entre las dos cambiaron a los seis bebés que ocupaban las cunas, el séptimo, el bebé que había producido el problema de parásitos, fue trasladado a otra habitación para su limpieza y tratamiento.
Allí, en una incubadora extra grande, descansaban seis preciosas niñas, cuatro rubias y dos morenas, que se daban pequeñas pataditas las unas a las otras a modo de juego, mientras esbozaban las primeras sonrisas de sus vidas. Lo único que les faltaba para ser reconocidas, eran los tacones que les acompañarían el resto de su vida. 



(La foto se ve claramente que no tiene fotochoped, por fin nos hemos podido reunir todas para tal evento ^_^)






Y mañana como cada viernes, tenemos a nuestra preciosa Connie, con sus entradas llenas de vitalidad y risas, que siempre nos vienen genial :D

jueves, 2 de mayo de 2013

Encuentro en tacones. Solidaridad.


Nunca he dedicado mi sección a la recomendación de libros (y eso que aquí tengo a cinco compañeras autoras que escriben maravillosamente), pero hoy es un día especial en el que quiero hacer hincapié en esos pequeños gestos que se pueden hacer todos los días para ayudar al prójimo, pequeñas cosillas que mejoran la vida de los demás, y si esos “demás” tienen una historia tan emotiva y bonita como Eder, ya ni os cuento lo que significa nuestra ayuda.  
Hace unos días encontré este vídeo por la red, tras verlo entero (por favor, miradlo hasta el final) comprendí que con una ayudita, este chaval podría tener la oportunidad de cumplir su sueño, mejorando su vida y su salud.
Rápidamente me informé de la veracidad de la historia y terminé por comprar los diez cuentos que su familia ha puesto en venta para recaudar esas imprescindibles monedas.
Mirad el vídeo (muy ameno y divertido por cierto), y si queréis colaborar como yo lo hice, aquí os dejo el enlace de compra de sus cuentos.

http://diezcuentosparaeder.org/

¡¡A mi hijo le han encantado!!!

Y si no os llaman la atención los cuentos, podéis echar una manita compartiendo este vídeo con todos vuestros amigos, en facebook, en vuestros blogs….. Toda publicidad es poca y bienvenida.
Besos para tod@s y gracias por prestarme atención, un beso muy fuerte y que vivan las buenas personas!!








Y mañana una historia genial de la mano de nuestra Connie, la rubia más bonita de esta ciudad ^^ 


jueves, 25 de abril de 2013

Encuentro en tacones. Declaración de intenciones


Hola, me llamo Irene, soy la que escribe los encuentros en tacones, que no es lo mismo que ser una de las protagonistas de dichos encuentros, o sea, que soy la escritora que redacta, cuenta y detalla lo que les pasa a las taconeras ficticias, pero no soy una de las taconeras, bueno, eso sí, pero no la personaje si no la persona, lo que quiero decir es que hoy soy la que escribe las entradas de esta sección, bueno, lo soy todos los días, pero que no vengo como Irene la de los relatos de tacones, si no como la que….
Me estoy liando cosa mala…
Empiezo.
Hola, me llamo Irene y soy una de las escritoras de este blog, en concreto la que escribe las entradas de los jueves, que curiosamente tratan sobre encuentros de las chicas que administramos este espacio, pero contando aventuras hipotéticas y totalmente imaginarias (Irene, te estás liando de nuevo y la vas a volver a cagar y deberías dejarlo ya antes de que la gente salga corriendo porque le den ataques epilépticos y no puedan…..)
Ejem, ejem… lo que yo os venía a contar (Irene la escritora ¬¬) Es que la sección de los jueves va a cambiar un poquito a partir de ahora, intentaré publicar casi todas las semanas para no dejaros tirados, pero no puedo prometeros nada. ¿Por qué? Os preguntaréis.
Vale, seguro que os la suda, pero yo de todos modos os lo voy a contar, así que….
Pues porque quiero ponerme con un proyecto personal que me quitará bastante tiempo, por lo tanto habrá semanas que no pueda daros vuestra ración de gilipollez enlatada taconil…. “Nontipreocupare, eh” Que no cunda el pánico (Irene, no cunde el pánico, a la peña se la pica un pollo lo que tú hagas ¬¬)
Si me deja mi otro yo seguir con la entrada, quizás pueda contaros el resto de cambios, estaría bien la cosa, jatetú.
(Ya me cayo... (En susurro) (Paréntesis entre paréntesis y más paréntesis)… Analfabeta!!)
Uuuff… (esta soy yo resoplando)
El resto de cambios son más sencillos de explicar (o eso espero) (ahora este paréntesis era yo también) ¡Joder! ¡Ya no sé quién cojones está hablando!
Me he liado. Otra vez.
Aarrgg!!! (Suéltalo de sopetón y punto, que das más rodeos que Falete sobre la tabla)
Pues eso, que los futuros encuentros en tacones pueden no tener encuentros (o sí, a saber), pueden ser una entrada subnormal como la de hoy, un relato que hable sobre cómo sacarse un boomerang del orificio nasal, o del por qué el padre de Pumuki toca tanto el fagot en las reuniones de APA… (Escoged como ejemplo el que más os mole, para que digáis que no os doy a elegir…)
Ya vas…
¡Que no!
Pues eso, que dependiendo de cómo se encuentre la inspiración y esté de batido el cerebro, así saldrán las entradas. Como muestra un botón, ésta es una put... mier... de vac..!!!!
Aaaaadiós mis corazones púrpuras o celestes, que paséis un domingo genial (estamos a jueves) pues eso, que lo paséis bien hasta el domingo y el domingo que piséis una mierda que dicen da suerte.
Fin.
(Que original, ha puesto fin)
No pienso contestarte ya, me voy, he quedado con el psiquiatra.
Sí, porque te hace falta, maja.







Y mañana nuestra Connie más rubia y especial que nunca, ella es única e inigualable!!!!



jueves, 18 de abril de 2013

Encuentro en tacones. Aquí estamos porque hemos venido...




So: Pues yo estaba allí, parada como un poste y de repente llega y me empieza a contar su vida, que si ella sabe muy bien lo que hace, que si lo mejor ha sido lo del hombre de blanco, que si un día ya verás, que si la abuela fuma… total, que le di un codazo cuando me cansé de escuchar, y la tía va y se mosquea, hay gente que no entiende las bromas, porque… bla bla bla…
Irene: Ajá.
Alicia: Yo le explicaba lo insuficientes que eran los documentos en estado de emergencia, y que el cúmulo de papeleo se aminoraría si el índice de la tasa bajara, pero él no me hacía caso, así que intenté exponerlo como si fuese un esquema, total, que su cara era un poema, así que no sabía si darme por vencida o plantarle lo de… bla bla bla…
Irene: Sí.
Karol: Me lo pidió como unas veinte veces, o más, ya perdí la cuenta de los mails y los mensajes privados, era un cansancio, cada día igual, y siempre le contestaba que lo tendría lo antes posible, que ya le avisaría yo, que no se preocupara, que estaba en ello, que lo mínimo me costaría un para de semanas, pero nada, seguía con los dichosos mensajes de los huevos, y de verdad que… bla bla bla…
Irene: Ajá.
Regina: Y entonces me subí al bus, llegaba tarde, bueno, ya sabéis que siempre llego tarde, no es que sea algo nuevo, además ya deberían estar acostumbrados, pero cuando me presenté en el set me miraron con cara de culo, y yo todo digna, me dirigí al camerino para ver qué modelito habían escogido para mí; allí estaba, el maldito traje que mi compañera había rechazado la semana anterior, si pretendían que me lo pusiera iban listos, porque yo no… bla bla bla…
Irene: Ok.


Connie: Fue muy bien, la verdad, no me esperaba tanta gente, estaba todo el mundo muy pendiente de lo que hacía y en ciertas ocasiones me superaba la presión, pero supe controlarme y no ponerme nerviosa, sabéis que cuando me pongo nerviosa me da el dolor de tripa y termino vomitando, el caso es que cuando salí del… bla bla bla
Irene: Si, sí.
So: Perdona, pero, ¿nos estás escuchando o solo haces que te interesa la conversación? Me estás poniendo muy nerviosa…
Irene: Sí, vale.
Regina: Yo creo que le ha dado algo a la tonta, parece que todo lo que contamos se lo pasa por el forro de los…
Karol: Mira, nenita, o nos haces caso o te vas a la puta…
Connie: Pues yo me estoy empezando a preocupar, lo mismo le ha dado algo, una embolia o similar, mirad que cara de idiota tiene ahora mismo.
Irene: Ok, ok.
Alicia: Y sigue con lo mismo, ésta ha perdido la única neurona que le quedaba y ahora ya no puede decir dos palabras coherentes seguidas (Alicia pasa la mano por delante de los ojos de Irene) Mira, pero si es que ni pestañea, lo dicho, le ha dado un tabardillo.
Irene: Ajá.
Regina: Deberíamos llamar al médico, esto no es normal, siempre es la que más habla, pero si no se calla ni debajo del agua, a mí me lleva una semana que ni os cuento, con historias de todas clases, que si fue a no sé dónde, que si se ha comprado no sé qué, que si habló con no sé quién…
Karol: Y a mí, que el otro día en la cocina a poco y me desmayo de lo pesada que se puso, empezó con un tema y no había forma de que se callara, y ahora miradla, como un zombi después de una liposucción cerebral.
Irene: Claro, claro.
Connie: Es verdad, ¿os contó lo que le pasó el otro día en el trabajo? Creo que me detalló hasta la más mínima mota de polvo de su odisea con aquella clienta, no es que me acuerde mucho de lo que me dijo, desconecté a los cinco minutos, pero estuvo más de veinte contándome la historieta.
So: A mí me acompañó el lunes al curro, decía que tenía que ir a una tienda a recoger no sé qué y que si no me importaba llevarla, que pillaba cerca de donde trabajo; menuda charla me soltó en el coche, y luego, como llegamos pronto se lo fue contando también a mis compañeras de sección, ellas además le daban coba y se reían como perras con la aventura de la rubia.
Irene: Sí, ok.
Regina: ¿Y qué aventura era esa?
So: No me acuerdo, algo sobre un viaje a algún sitio, pero vamos, que mis compañeras se lo estaban pasando pipa con Irene. Seguro que llegó tarde a donde fuese por ser tan cansada.
Karol: Me estoy pillando un cabreo… (Karol agarró a Irene de los hombros para zarandearla) ¡¿Me quieres decir qué mil leches te pasa?!
Irene: ¿A que jode?
Las chicas se quedaron mirando a la rubia con cierto desconcierto, era la primera vez en toda la tarde que juntaba más de tres palabras en una misma frase.
Alicia: ¡¿Irene?!
Irene: Dime.
So: Que nos digas qué te pasa, ¡joder!



Irene: Me pasa que llevo toda la puta semana siendo ignorada deliberadamente, cuando soy la primera en escuchar atentamente vuestras historias y conversaciones, pero claro, de eso no os dais cuenta, seguís hablando y hablando, y yo pendiente de cada cosa que decís, para daros mi opinión sincera, pero cuando soy la que habla, me ponéis cara de burro en extinción y me contestáis a todo con monosílabos que me cabrean. Así que no me pasa nada, solo intento comportarme como vosotras. ¿Qué pasa? ¿Es que acaso os jode? Pues eso, que hasta que no me digáis cada una, lo que os he ido contando durante estos días, la Irene estará así, porque yo os podría esquematizar con pelos, señales, post-it y colores brillantes, cada uno de vuestros “magníficos” segundos relatados. (Irene giró la cabeza, empequeñeció los ojos y dijo para el cuello de su camisa en tono casi inexistente…) Serán cabronas… 






Y para mañana alguien a quien hay que hacer caso siempre, porque viene cargada de buenas ideas, de aventuras interesantes y además es un amor de mujer, ains... lo que quiero yo a mi Connie. No os perdías: Qué hacer antes de los 30...   












jueves, 11 de abril de 2013

Encuentro en tacones. Igual no, pero a lo mejor sí





Bienvenidos a la república independiente de la locura de mi mente…


Alicia: Esta reunión será esclarecedora…
Connie: Sí, esclarecedora las narices, esto es una mierda como el sobrero de un picador.
Karol: A ti todo te parece una mierda esta semana, ¿se puede saber qué coño te pasa?
Connie: No me pasa nada, es que es una mierda y punto.
So: Venga va, que nos desviamos del tema y no tengo todo el día, he quedado.
Alicia: ¡Pá chasco! ¿Cuándo no has quedado tú?
Irene: Como veo que no os ponéis de acuerdo, empezaré yo que soy la más alta y esbelta…

Karol: Pues será alta en comparación con las magdalenas del desayuno, porque si no…
Irene:
Karol: No me mires con esa cara de acelga, porque me da igual.
Irene: Total, obviando los comentarios malintencionados, y claramente envidiosos, sobre mi altura y la cuña de mis tacones, empezaré contando lo del vaso de chupito.
Regina: ¡Ah! ¿Pero de eso era la reunión de esta semana?
So: Bueno, ya está aquí la que no se entera de la tostá.
Connie: Ya lo decía yo, es una mierda.
Irene: Estaba hablando yo, dejad de cortarme. Malditas arpías.
Karol: Habló la que dice que lo del chupito es de mención, vaya gilipollez.
Alicia: Pero cuéntalo ya, que yo sí estoy intrigada.
Irene: Pues eso, como iba diciendo (miradita inquisidora a Karol), resulta que una moda que sacaron hace unos años, era la de llenar un vaso de alcohol, a elegir, tampoco hay que ponerse tiquismiquis, y hacer con él ventosa sobre un ojo, para bebértelo por el lagrimal. Una forma de emborracharse de lo más estúpida y que te puede dejar ciego. Hay gente muy raruna por ahí.

Connie: Vaya mierda.
Karol: Ya os lo decía yo, un cuento antiguo. Modernízate, rubia, que esa historia ya tiene solera, vamos, más años y pelos que Matusalén. So, cuéntales lo del otro día, eso sí que es novedad.
So: No sé, nos salió rana al final.
Regina: Pero cuenta, que tengo la cera a punto y no quiero que se enfríe.
So: Que no, es una soplapollez de esas que se nos ocurren a la morena y a mí, nada interesante…
Karol: ¡Pero lo quieres contar! Si hay que emborracharse, mejor con estilo.

So: ¡Joé! Que pesá. A ver, la historia es la siguiente: estábamos ésta (señala a Karol) y yo en el metro escuchando la conversación de unas quinceañeras, esas que llevan pestañas postizas, carpetas de Justin Bieber y piercing en las tetas para que se note hasta con sujetador Push-up. Hablaban del fin de semana como algo de novela de King y hacían aspavientos con los brazos, así, como para que nadie les mirara. Una de ellas dijo, sin bajar la voz, que se había metido un tampón, no creo que haga falta especificar dónde, después de haberlo mojado con ginebra. Ya está, historia contada.

Connie: Una mierda y además para echar la pota. No, si os atreveríais a meteros eso por el…
Karol: Pues lo íbamos a intentar, pero nos dio cosica meternos “cosas” ahí mojadas de antes…
Connie: ¿Ves? Mierda pura, eso no es ni historia ni nada, es una full.
Regina: A ver si te aclaras, guapetona. Todo te va ha parecer malo hoy ¿o qué?
Alicia: Déjala, es que lleva mucho tiempo sin mojar, ni ginebra ni nada, y es lo que pasa, que cuando se carece de contacto…
Irene: Yo te puedo presentar a un mazas del gimnasio que tiene pinta de calzar bien.
So: ¿Desde cuándo vas al gimnasio? Si te mueves menos que Espinete en velcro.
Alicia: No va al gimnasio, solo olfatea a la salida, cuando esta salida.
Irene: Os podéis ir un poquito al lugar favorito de Connie. Resulta que el gimnasio y la casa de mi tía están pegados.
Karol: ¿La tía a la que no puedes ni ver?

Irene: Esa.
Karol: Ammm… ahora ya lo entiendo mejor. Vas por disfrutar de su compañía. Que maja.
Irene: No, voy para haceros vudú a todas vosotras, ya ves, una que tiene que juntarse con el demonio para que salgan los hechizos.
Alicia: Eso es como cuando le dijeron a mi tía, que por estar viuda y no practicar sexo podría tener tumores en los ovarios… ¿y si lo practicas? Preguntó ella. El hombrecillo no se quedó corto, le dijo: pues igual, pero al menos eso que te llevas. La cara del médico era de un vicio… Hay gente que liga de una forma muy “especial”.
Karol: Aquí cada una a su rollo, cambiamos de tema como de marca de champú.

Regina: Pues yo tengo algo que añadir, Ali me acaba de recordar una anécdota. El otro día estuve con el enfermero ese de la nariz Brody…
Alicia: ¿Y comprobaste que la tiene igual que su nariz, grande y torcida?
Regina: No.

So: Comprobó que es tan rápido en el sexo como con la ambulancia. Tipo: Ya está ¡¿Ya?!
Regina: Pues ahora no os lo cuento.
Karol: Venga rubia, que entre la mierda de ésta, y el fracaso del tampón… ¿Qué pasó con el enfermero?
Connie: Será otra gilipollez seguro, vamos, una…
Todas: ¡Mierda! Que sí, cansina.
Regina: Me contó que había llevado a una chica joven al hospital con un problemilla muy vergonzoso. Según, la tipa se había metido un consolador al revés en el chirri y al hacer vacío se le quedó atascado. Lo gracioso es que el enfermero le dijo…
Connie: …a la próxima avísame antes, te hago yo el trabajo y nos ahorramos un viaje.
Regina: ¿Connie?
Connie: ¿Qué?

Todas: ¡¡¡¡¡CONNIE!!!!!
Connie: Lo dicho, ¡una mierda! Porque sí, la tiene torcida, pero grande va ha ser que no. 













Y mañana Connie y sus historias, seguramente mucho más verídicas que las mías... Para contarnos qué hacer antes de los 30 ^^ Esta chica vale oro, ya os lo digo yo!!!