Yo tenía que escribir algo sobre cine. Ya tenía pensado el
qué y el cómo pero cuando he abierto mi ordenador blanco (más chulo, precioso y
super cool) me he dado cuenta de que no me apetecía una mierda y que me estaba
sonando demasiado a artículo de encargo.
Un nene me dijo una vez que una paja, si se hace a
desgana, deja de ser masturbación para pasar a ser trabajo manual y que hay que
pagarlo. Total que a tomar por saco la documentación (yo soy mucho de
documentación que amontono y amontono para luego agobiarme y escribir lo que me
sale de my blonde mind) y voy a gastar palabras.
Os voy a hablar de vampiros y licántropos.
Pero antes os tengo que hablar de Calaveras. Una de las
mejores cosas que me han pasado en los últimos meses es conocer a un nene que firma como CalaveraDiablo (Que
firme así mola un montón porque So Blonde & CalaveraDiablo queda que te
cagas lo pongas donde lo pongas). Calavera y yo hacemos varias cosas juntos:
invadimos imperios sumerios cualquiera, salvamos doncellas pavisosas, me lleva
a casa cuando ando etílicamente comprometida, desafiamos al Cesar y pedimos
tapas de frutos secos. También hablamos un montón porque es una maruja de
cuidado y suelta cosas que yo aprendo mientras me hago la despistada y coqueteo
con los camareros.
CalaveraDiablo tiene la teoría de que en el mundo artístico
este en el que nos movemos él y yo cuando dejamos de ser simples mortales con
facturas, cohabitan dos especies. Vampiros y licántropos; escritores y
dibujantes.
Son bichos que deben entenderse porque muchas veces unos
dependen de los otros para complementar sus obras pero no siempre se llevan bien.
Yo no soy una baobhan-sith, no pongo eso de «escritora» en
cuanto puedo, yo junto letras diciendo chorradas, nada más. Pero en ocasiones
sí que interpreto ese papel (interpreto muchos otros: maruja, workinggirl, mamá gata, doncella
francesa con media de red…)
Tengo una oferta editorial sobre la mesa de unos nenes a los
que les ha parecido bien una cosa que se me ocurrió mirando catálogos de
supermercados Gama (mejor y más cerca) que es uno de mis pasatiempos favoritos.
El caso es que necesito un dibujante con un estilo determinado
para poder hacer algo juntos en plan asociación. Y he buscado. He recibido
negativas de todo tipo, también unas pretensiones económicas fuera de lugar,
mucha dejadez y pasividad. Nada nuevo bajo el sol, por supuesto, me sigue
fastidiando por lo que considero una tontuna de una gente que luego se queja de
que no le dan oportunidades ni trabajo, pero ya no me afecta.
Una de las cosas que me ha sorprendido es que hablando con
una lobita de pelo carbón (y unas tetas de escandalo) me ha confesado que no
tenía ni idea de cómo era el mundo vampiril.
Cuando le he hablado de conceptos como derechos de autor,
obra propia, regalías, liquidaciones, porcentajes y cesión de derechos se ha
quedado fuera de juego. Los licántropos son más básicos, entienden cosas como «obra
y servicio» o «tiempoXpáginaXeuros». Esta nena me comentó que había conseguido
pagar sus facturas gracias a su pluma, así que no la considero una novel en
estás lides.
Una de sus frases me gustó: «No conocía la dura vida del escritor.»
Ahora recuerdo una discusión
en la que un dibujante aullaba que estaba harto de que le pidieran
colaboraciones no pagadas, que decía que todo el mundo creía tener una idea que
mereciera su talento y que él no comía del aire.
En este mismo blog, un
poquito más arriba, están los nombres de auténticas vampiresas. Son nenas que
roban tiempo al sueño y a la vida para escribir, para estudiar, para
perfeccionarse en un arte menos vistoso y más difícil de vender que los trazos
en un papel. Los strigois son más sofisticados y entienden de cosas como trama,
argumento, perífrasis y no miran el reloj calculando beneficios mientras
trabajan.
Por eso tal vez levantan
la nariz muy dignos y mirando con soberbia a los hombres lobos que por su
naturaleza voraz se alejan de la cultura y la faceta artística en pro de
hábitos alimenticios.
Hay que saber donde uno
se encuentra y tener en cuenta que la autoestima y el quererse mucho está muy
bien pero que no hay nada más ridículo que querer ser siempre el foco de
atención y ser primera bailarina cuando hay cientos de nenas con su tutú justo
al lado. Aunque, claro, también pesa el ego y yo mantengo que quien se pone a
crear cualquier cosa dando la cara y firmando con su nombre y apellido, no se
debe a las musas sino a ese ego, a esa ansia de autosatisfacción que impulsa a
seguir escribiendo o dibujando.
Es lógico, la vida es
así, un Dalí no es nada sin la firma, y en la literatura tan solo al Lazarillo
le vale el anónimo pero es que es tan bueno que el libro se hubiera comido a
cualquier autor.
Parajes extraños estos
de creadores de mundos, de gentes y personas, de vampiros y licántropos.
Tiene razón mi amigo CalaveraDiablo,
son especies distintas y tristemente enfrentadas.
Jo, que suerte tengo de ser
tan solo un espectro de pelo dorado.
El martes vuelve la jefa, la
sensación de la costa, el sueño erótico del nene, el papá y el abuelo, la
inspiradora de rubias, el ejemplo a seguir, ¡¡Regina Roman!! y la cosa esa que
escribe: «La Mota Rosa.»

