jueves, 11 de octubre de 2012

Encuentro en tacones. Despedida de soltera, a ver dónde nos metemos



Esta vez el encuentro en tacones era algo más oficial de lo que solía ser, la fiesta de despedida de una amiga que tenían en común todas nuestras protagonistas taconeras. ¡¡Se casaba Nicasia!! Que por vivir en otra comunidad no tenía el tiempo suficiente para estar con ellas, aunque la distancia geográfica no hacía menguar su amistad.
Nicasia decidió acercarse a los madriles para celebrar el abandono de la soltería. Quedaron a cenar en un restaurante que conocía Regina y al parecer la comida era deliciosa, acompañada de un numerito musical del más puro estilo flamenco. Después de cenar se dirigieron a una de las discotecas más concurridas y exclusivas de Madrid.
Después de la vuelta de reconocimiento y varias copichuelas refrescantes, nuestras chicas se sentaron en los sillones de estilo moderno que había cerca de la pista de baile.
— Esto es como cuando te tiras toda la semana comiendo hojas de lechuga, apio y yogures naturales para entrar en el vestido de la cita tan esperada y, cuando llega el momento de la cena, engulles como descosida hasta la tarta tres chocolates con virutas del mismo sabor, tienes que hacer que el tipo en cuestión piense que tú mantienes esa figura porque tu genética es de las más agraciadas, vamos, que todos mentimos hasta a la hora de comer— dijo Connie en una de las conversaciones que estaban teniendo.  
— Bueno, ellos no se quedan cortos, que vienen todo afeitaditos, oliendo a perfume caro, con corbata, y ese color precioso y brillante de pelo y zapatos, cuando en realidad esconden una tripita cervecera bajo el fajín, sus canas mueren bajo el tinte barato de farmacia y la ropa formal no ha tocado su peludo cuerpo en diez años hasta la cita. Todos engañamos, incluidos los hombres— respondió So mientras sorbía de su mojito.  
— A mí me da igual como vayan vestidos, lo importante es que se comporten como gente normal, con una inteligencia normal tirando hacia arriba y sean mínimamente divertidos, sin tener que ponerse de whisky barato hasta las cejas— siguió Alicia con su punto de vista.  
— Sois demasiado complicadas, lo que pasa es que estáis construyendo un ideal de hombre que no existe, al igual que la mujer perfecta no ha nacido todavía, para una noche y un polvo con que sea atractivo y limpito creo que es suficiente, si luego ves que tiene otras cualidades como buena conversación y es agradable en todos los sentidos, se le pueden conceder segundos encuentros, incluso puede llegar a ser el único, ya sabéis, eso de para toda la vida y tal— contraatacó Irene al tiempo que removía su copa con la pajita.  
— Menudas charlas transcendentales que tenéis, de verdad ¿hoy es día para esto? Pero si estamos de fiesta ¡tías! — Gritó Karol ya aburrida de estar sentada.
— Cierto, creo que deberíamos movernos un poco, y si hacemos bailecito en el centro de la pista, por los viejos tiempos— propuso Regina.  
Todas las chicas estuvieron de acuerdo en ofrecer algo de espectáculo al local y subiéndose un poco la falda, ajustándose las tetas dentro de los sujetadores y dando un pequeño apretón a los tobillos, para rogarles que no les hicieran sufrir demasiado con los tacones, se dirigieron al centro de la discoteca apartando poco sutilmente a la gente y haciéndose un hueco para tener libertad de movimiento.
So se acercó a la cabina del Dj y le pidió algunas de sus canciones favoritas, había que crear ambiente y ellas eran expertas en hacerlo.
En corro y mirándose las unas a las otras empezaron a bailar, mientras las mujeres las miraban con odio y los hombres con curiosidad. Alicia recayó en ese momento en que la novia no estaba junto a ellas. Buscándola con la mirada, la encontró hablando con un maromo súper sexy que la acariciaba delicadamente el antebrazo. “Será puta” pensó mientras sonreía. Salió del corro y se fue hacía ella con decisión, la arrancó de los “brazos” de aquel adonis y fue arrastrándola hasta la zona de baile.
Al principio Nicasia frunció el ceño, estaba a gusto con la charla de aquel semental, aunque bien sabía que todo se resumiría a un par de miradas insinuantes y poco más, la fidelidad a su futuro marido era inquebrantable.
— Que me haces daño Alicia. Joder, nena, con lo bien que lo estaba pasando, ya te vale— se enfurruñó la novia.  
— Anda tonta, ya verás como se le cae la baba cuando te vea mover ese culito con nosotras. Venga, muévete, que tenemos que quemar las calorías de la cena.
Ahora eran siete chicas contoneándose, haciendo piruetas y bailando agarradas con poses de lo más excitantes delante de todo aquella marabunta de gente estilo clip, sujetando sus copas sin hielos mientras que parecía contemplaban un espectáculo servido por el dueño del local.
Nuestras gogos aficionadas bailaban a las mil maravillas, sus cuerpos daban giros y contoneos muy sugerentes, dejando algún que otro con la baba resbalar por la barbilla y los ojos vidriosos, mientras pensaban qué frase sería la adecuada para acercarse después a ellas con motivos procreativos. Uno o dos de aquellos espectadores tuvo la mala idea de molestar a nuestras bailarinas en pleno espectáculo, para después de una amable contestación de: “ahora no, nene, estoy ocupada”, salieran con el rabo entre las piernas y una precaria esperanza de poder tener nuevas oportunidades más tarde.
A Irene no se le daba mal bailar, ya había trabajado en los viejos tiempos como gogo en varias discotecas, pero el alcohol estaba haciendo de las suyas y empezaba a marearse con tanta vuelta y gracieta, por lo que se paró un poco y empezó a animar a sus compañeras. En ese momento un grupo de chicas, cerca de ellas, empezaron ha hablar en tono demasiado alto, seguramente adrede para que la rubia oyera su conversación.

Discutían entre ellas de quién de entre las siete amigas tenía más pinta de puta barata, cuál llevaba el vestido más horrible e imaginaban de qué tratarían sus trabajos pasada la noche. A Irene aquello le resultó de lo más gracioso, podría haberse dado la vuelta y dicho cualquier cosa, pero no hacer aprecio le pareció mucho más divertido. Las miró directamente a los ojos y les lanzó una sonrisa cautivadora, guiñándoles un ojo. Aquellas mujeres se quedaron descolocadas, eran conscientes de que la rubia estaba informada de su tema de conversación.
Un chaval alto y de buen ver, muy buen ver, se acercó a Karol presentándose como Héctor. Ella de primeras lo ignoró, pero como la dolencia de sus pies reclamaba descanso le dio una oportunidad para ver qué se contaba. El tal Héctor resultó ser un chico muy agradable, pero Karol no tenía ganas de hombres, estaban de fiesta y no perdería la noche con sus amigas y la despedida de Nicasia, por un revolcón en los privados. Si el chico aguantaba hasta el final, quizás y solo quizás, se le llevaría a casa.
Las chicas hicieron un corro a Regina y Connie mientras que agarradas se marcaban un bailecito  muy sensual, aplaudiéndolas y gritando de todo para animar el cotarro.
Alicia se acercó a la barra del bar junto con Karol, para pedir una nueva tanda de mojitos. Al ver que eran demasiados vasos para llevarlos solas, un chaval que los iba recogiendo de las mesas se ofreció a echarles una mano en el trayecto. Éste, luego intimaría un poco más con Alicia, le había caído en gracia su atuendo de camarero de años 60.
Después de varias rondas más dentro de aquel garito, de que Karol le diera calabazas a Héctor, Alicia se despidiera del camarero con el número de teléfono apuntado en una servilleta, la novia henchida de felicidad por lo bien que se lo estaba pasando e Irene con un mareo razonable, decidieron trasladar la fiesta al local de un amigo de So que, supuestamente, quedaba cerca para ir andando. Pero al salir al exterior se encontraron con algo que no se esperaban.
La noche iba de sorpresas y éstas prometían algún tirón de pelo.



CONTINUARÁ...






Y no te pierdas mañana viernes una de las mejores
historias que circulan por la red con las aventuras de Connie en...
                                                       



martes, 9 de octubre de 2012

Galletas de la suerte: There is only two kinds of people in the world


There is only two kinds of people in the world

Fama y Fortuna son las dos mujeres con más licencias que conozco ¡Qué tías! Ellas pueden ser tanto veleidosas como caprichosas sin que nadie se les eche encima. Al contrario, quien más quien menos las persigue con afán de quedárselas para siempre, dormir entre sus brazos y hacerse acreedor  de su amor eterno o,  si eso no llega,  sus atenciones. Para las demás mujeres el rasero es otro: Constancia, Coherencia y Confianza, las tres hadas madrinas que escoltan nuestros pasos por estos mundos de Internet, son en realidad más brujas madrastras que otra cosa.

Fama llega, te rocía con un varitazo de polvo dorado que te deja tonta, con una sonrisa en la cara como si el polvo te lo hubiera echado Clive Owen, se va y tú no te das cuenta de que en realidad esa nota de glamour, ese brillo fugaz, escondía a las otras tres con sus interminables listas de deberes y obligaciones: un post a la semana, mantén el tono, mantén el interés, sé fiel a ti misma, 900 palabras o más, escoge una buena imagen, no olvides el vídeo, promociona, publicita, hazte ver, se una buena compañera, presta tanta atención a los demás como quieres que te presten a ti, vigila la ortografía, cuida la gramática, esas reiteraciones que lastran tu prosa: elimínalas. Sé puntual, se divertida, se amena, se coherente, se constante, crea confianza.

Haz todo eso ¿para qué? Los por qués los conozco, los asumo, son lo que hay; pero todo ese esfuerzo ¿para qué? ¿Cuál es la finalidad que persigue este devanar de sesos sin fin que, si hubiera sido un devanar de madeja, ya me habría provisto de dos vestidos de punto con cuello cisne, unos calentadores y una bufanda estilo Harry Potter? Pues entre Vanidad y Amor y nos movemos.

INTERLUDIO PRIMERO

- ¿Es esto una galleta de la suerte?

- Sí, al final habrá una moraleja, como cada miércoles.

- ¿Te estás quejando?

- No. De momento estoy poniendo de manifiesto unos hechos. Eso sí, de manera subjetiva. Las otras cinco amazonas tienen sus propias opiniones al respecto y,  aunque me muero por conocerlas, son muy libres de expresarlas o no.

- ¿Nos va a caer una bronca a los lectores?

- Pues mirad, me lo estoy pensando. Reconozco que esta entrada quizá fuera diferente si no me hubiera puesto enferma la semana pasada, como consecuencia de lo cual tuve que colgar un relato reciclado en lugar de mi reflexión semanal. Pero el hecho es que estuve MUY enferma y no tuve la posibilidad de abriros mi alma para que miraseis dentro. No, eso no es culpa vuestra, lo que me tiene con una mosca tamaño Jumbo detrás de la oreja es que el relato suscitó un único comentario.

-  ¿Una mosca?

- ¡Un Jumbo, sí!

- ¿Podrías explicarte?

- Seguid leyendo…

FIN DEL INTERLUDIO PRIMERO

Se dice en todas partes, estamos hasta el gorro de oírlo: las autoras, tanto como los autores, tenemos un ego capaz de levantar nuestras casas de madera y posarlas sobre un acantilado o unas cataratas. Se dice tanto que empiezo a preguntarme  si no será mentira.  Miro a mi alrededor: la mujer de los martes es una tía trabajadora, positiva, generosa, humilde, sin ínfulas. La mujer de los jueves es una tía divertida, tan trabajadora como la otra, sin un solo delirio de grandeza, con una conciencia muy clara de sus limitaciones, agradecida,  espontánea. Ambas generosas. Los lunes nos encontramos con otra mujer de armas tomar. Una a la que no he visto negar nada a nadie que lo necesitara. Los viernes, una cuarta señora de las letras escribe una historia para personas normales, lo que es difícil de hacer si uno no se considera una persona normal. Los sábados llega la morena que tiene tanto ego que usa un alter para cuestionarse a sí misma y a todos los demás.

Pues vaya seis globos hemos coleccionado, señoras y señores. Entre las seis juntamos cierta seguridad, cierto aplomo, muchas ganas, rellenamos los deberes que nos ponen Constancia, Coherencia y Confianza y esperamos, sentaditas en nuestros cómodos sillones de plumas porque ninguna de nosotras tiene un trabajo de más de ocho horas (o dos), ni familias que cuidar, ni vida social, ni una casa que mantener habitable, a que se haga la magia, lleguen los lectores y alimenten a Vanidad, que la engorden con halagos vacuos, que la decoren con palabras llenas de destellos y colores chillones.

Bueno, vale, sin sarcasmo tonto: que no, que no escribimos esto para que nos digáis lo buenas que somos –me pasaría al singular, pero vendría la correctora con la fusta-. Algo de vanidad hay, claro. La justa, la que nos permite mirarnos en los espejos y decirnos que nos queda bien el vestido, que nos han salido unos párrafos la mar de equilibrados, que las ocurrencias del día tienen gracia… Pero creo con toda la honestidad de la que soy capaz que nos movemos mucho más cerca de la señorita Amor. Creo que escribimos para que nos quieran. Ahí queda eso.

INTERLUDIO SEGUNDO

- ¿Es que no os quiere nadie fuera la web?

- A ver, pichones, no va de eso. Nos quiere quien nos quiere y no vamos a discutir ahora quiénes son esas personas. Es otra clase de amor.

- ¿Y qué quieres, que nos sintamos culpables por no cumplir vuestras expectativas?

- Dejemos claro que hablamos sólo de MIS expectativas y de lo que YO pongo en cada entrada ¿vale? Y no, no quiero que nadie se sienta culpable, sino que todos seamos conscientes de que leer y escribir en el entorno de una red social es tanto como crear un vínculo.

- No sé si nos convence.

- Ya me imagino ya…

- Nosotros lo que creemos es que te fastidia que tu última entrada pasara inadvertida.

- ¿Y quien ha dicho lo contrario? Pues claro que me fastidio. Si no, no estaría aquí intentando dilucidar por qué me sentó tan mal. A lo que voy es a que no me duele el ego, sino el corazonzuelo.

- ¿Y eso es culpa nuestra?

- Pesaos os poonéis… NO.

FIN DEL INTERLUDIO SEGUNDO

Sí, la soledad del escritor es un asco pero Internet la palía con muchísima solvencia. Y a los que escribimos se nos olvida que quienes nos leen son soberanos de nuestra soledad. Nos leen, nos disfrutan –o no- y siguen con otra cosa. Porque de lecturas está el mundo lleno. A mí me da un poco de pena que la mayoría de  las relaciones que se establecen en la red sean sólo eso: relaciones de red, superficiales, muy circunscritas al medio y al contexto.

Yo busco diálogos reales y trato de establecer conversaciones, intercambios verdaderos cada vez que escribo algo. Y cuando no escribo también, por omisión. Me cuesta mentir aunque sea en un entorno virtual, me cuesta decir que algo me parece bueno si creo que es malo, me cuesta ser simpática con quien me cae mal y me tengo que cortar las yemas de los dedos para no ofrecer mi vida toda cuando alguien a quien le he tomado cariño necesita algo. No voy a decir que tengo muñones, pero haceos una idea.

Y sí, me consta que es mi problema. Uno que comparto con muchos compañeros de esto de la escritura, que ponemos el valor de lo que somos y de lo que escribimos en la cantidad de pulgares alzados que recibimos o de comentarios que provocamos.

Chicas, chicos,  esto es el circo. Y para sobrevivir a una caída desde el alambre hay que llevar armadura y reforzar la red.



Y mañana, con todos ustedes, en el centro de la pista: 



LA MOTA ROSA





 
Nuevo martes, nueva entrega de “La mota rosa”, el consultorio más dicharachero del mundo mundial :)
¿Tienes dudas? ¿Dirías que estás satisfech@ con tu vida? ¿Plenamente satisfech@? ¿Resuelves los conflictos con facilidad? ¿Algún problemilla te quita el sueño? ¿Quieres que charlemos?
Pues envía tus consultas a info @ reginaroman .com. Todos aprendemos de todos.


Hola, pues mi pregunta es la siguiente, siempre me ha gustado ayudar a la gente, no me importa si tengo que emplear tiempo, dinero o lo que sea para ayudar a las personas que aprecio. El problema es que cuando pasa el tiempo y cada vez piden más de mi y por falta de tiempo, dinero o lo que sea no puedes ayudar, se terminan distanciando de mi. Nunca he buscado que me devuelvan favores, soy feliz ayudando, pero no entiendo porque la gente es tan superficial y solo quiere obtener de los demás para ser amigos. No se si me he explicado bien. He perdido a muchas amistades por eso y empiezo a pensar que la que tiene el problema soy yo. Gracias por adelantado, me encanta tu consultorio, lo leo siempre, un saludo.
Beatriz

Querida Beatriz, sufres de lo que comúnmente se conoce como “síndrome del felpudo”.

Tan generalizado está y tan peligroso es, que decidí dedicarle un libro (que saldrá en breve. Su título, “Esto te lo apaño yo.com”) y es que para cada buena persona dispuesta a ayudar, a echar una manita y a sacrificarse por los demás, siempre hay un desaprensivo (o varios) que abusa de su buena voluntad. Esta consulta (que es el problema de much@s) te la voy a responder tirando del refranero español que es de lo más sabio que conozco.

-       “Cree el ladrón que todos son de su condición”:  la gentecilla egoistona acepta hacer algo para obtener otra cosa a cambio. No conocen el desinterés; si ayudan es por interés puro y duro. Desde ese punto de vista, es fácil imaginar que no creen en la existencia de personas desprendidas y generosas por naturaleza (como TÚ) y que se muestren recelosas ante tus gestos y detalles, si bien esa desconfianza no les impide aprovecharse mientras dura.

-       “Haz cien y no hagas una y no habrás hecho ninguna”: cuando este tipo de personas despreciables se percatan de que no exigirás un precio por tu apoyo, se vuelven locos de codicia. Ahora el objetivo es sacar más y más de esta persona (TÚ) que siempre se presta a auxiliarnos (TÚ otra vez). No importa si abusamos de ella, no importa si la forzamos a postponer sus intereses por los nuestros, si convertimos su vida en un continuo sacrificio en pro de los demás. No importa. Y es que a ese tipo de “amig@s” les importas un bledo y si es así, cuando los pierdas de vista estarás ganando mucho, te lo aseguro. Si todos los que te rodean son de esta calaña, te vendría pero que muy requetebien una limpieza de inicio de temporada que te dejara más sola que la una. ¡¡Qué felicidad!! Disponer de espacio libre para dar la bienvenida a nuevos amigos que sí te aprecien con sinceridad y a los que les importes, porque (y volvemos al refranero) “El que a buen árbol se arrima buena sombra lo cobija”.

         ¿No te parece?

Tienes razón cuando dices que el problema es tuyo, porque es tu actitud y no otra cosa, lo que les impulsa al abuso. La energía que proyectas atrae a los abusones que solo te ven como a algo útil a lo que explotar. No lo consientas; aprende a decir “NO” sin remordimientos y sin sentimiento de culpa. No temas nunca perder a un/a amig@ por decir “NO” pues precisamente, su reacción ante tu negativa te dirá mucho de si su afecto es verdadero o solo un cuento chino del que huir. 

 Está claro que nada ha de ser llevado al extremo, l@s amig@s están para ayudarse y para apoyarse pero con equilibrio y cierta correspondencia (a ti también tienen que cuidarte y mimarte); todo tiene un límite y el límite tienes que saber marcarlo tú, de lo contrario lo único que atraerás es gente parásita que te abandonará en cuanto ya no “produzcas” más.

Escoge bien a tus amig@s. La vida te pone gente por delante pero solo tú decides quién se queda.






Y mañana... ¡¡Las galletas de Alicia Pérez Gil!! 
¿A quién le amarga un dulce?





lunes, 8 de octubre de 2012

From My Blonde Mind: Uniformes


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Esta semana, por las cosas del comer, ha sido movidita.
He estado en Alcalá de Henares, en Toledo, Madrid centro, Huelva y Santander.
Estoy cansada de dar vueltas, pero es lo que hay.
En las distintas geografías que he visitado, me he dado cuenta (que yo me doy cuenta de cosas, a veces no son las cosas de las que se dan cuenta la gente por lo general, pero yo, de cosas, me percato) de tres cuestiones:
One: Ancha es España y luego hay barcas pá seguir.
Two: No todos los Zara tiene los mismos trapos
Treéh (sí escrito así y leído con aires del Sur): Eso importa una mierda.
No es que importe una mierda por tratarse de trapos o del Zara, hay cosas de importancia mucho menos relevante según quién reciba la información sobre ellas. Por ejemplo, a mí me la bufa si Kaká lo ha traído gordo o fino esta semana ( Kaká jujujujujuju hay patronímicos que se vuelven crueles cuando se alejan de su zona de influencia territorial). No importa que los artículos del Zara varíen según los acentos y las fronteras provinciales porque existe la homogenización.
Homogenización, de “Homo”: gay y “Genización” que debe querer decir: copiando modelos de pasarela para venderlos en pret a porter.
Bueno, la etimología a veces engaña. El caso es que vayas a la tienda que vayas, estés en la ciudad que estés, te encuentras con los mismos vaqueros encerados, los mismo leggings de polipiel, las mismas faldas péplum y las mismas camisetas con calaveras. Todo esto adornado esta temporada con un montón de tachuelas, brillantitos y chapitas que pasan del rocker punk a la reinona glam con muy poquito margen.
Este año toca y toca. Y si tú en vez de sentirte en plan Mario Vaquerizo te sientes más Angels Barceló, pues te jodes, porque no vas a encontrar una blusa de viscosa, una falda lápiz o una americana entallada. Toca look roquero raro y es lo que hay.
A esto hay que sumarle el factor Carbonero. El factor Carbonero es una cosa curiosa. La Carbonero, Sara, está buena, es atractiva, es una de estas next door girls y por eso tiene enamorada a media España. No impone como una Belucci o una Johansson. Es decir, la vemos, muy guapa, muy follable, muy tremendona, pero accesible.
Y tú claro, pues dices: “Esto gusta.” Que también gusta la Beyonce, pero entre tú y esta última hay más diferencias que entre un huevo y un coco, así que buscas referentes más cercanos.
El efecto Carbonero aparece y dices: “¿Qué tiene esta que no tenga yo? Coño, si esas botas son del Mango, y los pantalones son iguales que los que compré en rebajas en Salsa, y la chupa de ante marrón de Topshop la cambio yo por la mía de cuero que encontré en el mercadillo de moros de Fuengirola y voy más apañá.”
 Ya que estás, pues nada, también copias el look de melenaza ondulada al viento (Pantene Pantene, 120.000 euros ha pagado la marca según los rumores, me pones a mí eso encima de la mesa y hasta me hago lavativas con el champú de las narices) y la raya del ojo buscando la profundidad de la mirada que dé un halo de misterio y sensualidad con reminiscencia felina (esto lo he copiado de la Cosmopolitan). Sales a la calle muy orgullosa y decidida, viéndote a la moda y super in hasta que te das cuenta (¿veis, veis? Me doy cuenta de cosas) que ya sea en Madrid, Alcalá de Henares, Toledo, Huelva o Santander, todas, todas las nenas van igual que tú. Por imposiciones del mercado de la moda, las tendencias y por la Carbonero.
Me imagino a Sara pensando: ¿Y si mañana para joder salgo con dos criadillas de burro a modo de pendientes… habrá alguna gili que diga: “Tendencia, un must”?
Esto me lo imagino (porque yo imagino muchas cosas que el resto de la gente no imagina por salud mental) pero no veo yo a la Carbonero así de cachonda.
Lo que sí veo son cientos y cientos de clones. Clones mal hechos además y los más. My blonde mind, oculta y desigualada del resto de nenas gracias a mi ropa de batalla, me da la perspectiva necesaria para comprender que no soy la que lleva uniforme sino que lo son el resto.
Todas iguales, diferenciadas únicamente en el precio de las prendas pero la base y el taller de costura tailandés son los mismos para los de Pimkie que para los de Marc Jacobs. Bueno y también diferenciadas por la genética y la edad.
La segunda es, hoy por hoy, menos importante. Hay mamitas que están estupendas y con más gracia y salero que sus propias hijas adolescentes con las que comparten talla y trapos pero no pavisoseria.
La primera, lo heredado por los cromosomas, es ya más jodido. Porque además una cosa es tu cuerpo, otra la visión que tienes de él, otra la visión que tiene el mundo de él y otra las putas tendencias de temporada.
¿Que eres caderona y el volante del peplum te saca dos alforjas? Moda.
¿Que eres alta y desgarbada y el calzado de tacón urban de diez centímetros te hace parecer una lagartija encima de dos zancos? Moda
¿Que tu culo es de esos opulentos y más dado a la libertad de la falda que a la prisión de los jeans ultraslim y vas como si escondieras allí una almohada cervical? Moda
¿Que tienes el pelo finito que queda muy mono con un corte a lo garçon y flequillo pero la melena larga te hace parecer una oveja de esas raras de las Highlands? Moda.
Pues nada; moda. Al final el resultado es como pintar un cerdo a rayas y decir que es una cebra o pegar una peluca a una rana y llamarlo caniche (cosas que imagino, cosas que imagino).
Así que, no nos vestimos, no nos adornamos con lo que nos favorece más. Nos tapamos con las imposiciones culturales que varían en cada cambio de estación; nos cubrimos con los ejemplos que nos venden; nos ocultamos con lo que se lleva para no destacar ante el resto.
Estoy recordando esa secuencia de “Wall-e” en la que el canal de entretenimiento e información decía que el color de la ropa más popular era rojo. Al instante, todos los habitantes del lugar programaban el bermellón en sus tejidos inteligentes, antes azules, y seguían gordos e idiotizados enganchados a sus monitores.
En “1984” de Orwell los trabajadores iban de gris, los dirigentes de blanco, los militares de verde.
Encajonados, aleccionados e identificables.
En invierno me atavío con una variedad de vestidos de punto, coleccionados y atesorados durante años. Me quedan bien, son elegantes con zapato plano, sugerentes con tacón, sport con una cazadora y formales con una chaqueta. Rojo, negro, azul, verde, caramelo, blanco, según el estado de ánimo y la luz del día. Según toque ser presa o depredadora.
Este año de tantas cosas raras en las calles y en las redes, de bandos que buscan el “nosotros contra ellos”, de colores y banderas, voy a darme el lujo de no estar a la moda. De salirme del sistema y del antisistema. De no seguir tendencias que gritan y vociferan con más o menos razón. No voy a escuchar a exaltados que se enganchan a soflamas de otros y las defienden con vehemencia sin pararse a pensar las consecuencias de lo que piden. No voy a tragarme mentiras glamurosas ni a desestimar verdades por muy cutres que sean. No voy a hacer caso de patrones y cortes provocadores. No voy a encorsetarme en un uniforme.

 Os voy a poner un ejemplo en analogía pues esto va de moda: No voy a teñirme el pelo al castaño super de actualidad. Por mucho que me lo vendan por la tele, por mucho que se anuncie en las revistas, por mucho que aparezca en las vallas publicitarias. Seguramente no crearé estilo, pero seguiré siendo So Blonde.
¿Qué vais a ser vosotros?


Mañana martes, que es un día muy bonito para mandar un mail de consulta sentimental/sexual/extraterrenal a info@reginaroman.com, toca “La Mota Rosa” con Regina, siempre Regina.



domingo, 7 de octubre de 2012

Balas de carmín.

Palabras como cartuchos del 12.
Prosa de metralla.
Lírica antiblindaje.
Textos de munición perforadora.
Lunes, martes, miércoles, jueves,viernes y sábado una nueva entrada.
CON UN PAR DE TACONES

sábado, 6 de octubre de 2012

Vaya par de gemelas: de desapariciones y apariciones va la cosa.


Para cuando recibas eso por la mañana, recuerda que será la última vez que leerás un whatsapp mío. Cuelgo y doy de baja esa porquería...

¿Lo véis? Se estaba despidiendo. Es como lo del Abbey Road de los Beatles. Es la única que escribe con dos voces. Sus entradas tienen mensajes ocultos. En realidad Karol… Bueno, seguro que no hace falta que lo diga.

Mira, Alicia ―soltó Irene, yo intento ser amable y comprensiva, pero como sigas con esas gilipolleces te voy a dar más que a una estera.

¿So? ¿Tú no crees que tengo razón?

A mí no me mires, guapa. Lo único que reconozco como sobrenatural es un polvo de hace tanto que ni me acuerdo. Y lo que tuvo de extraordinario lo puse yo.

Alicia, desesperada porque ninguna de las rubias estaba dispuesta a darle ni el mínimo atisbo de crédito, se volcó de nuevo sobre sus papeles.

¿En serio has impreso todas sus entradas para esto?

Sí, Regina, eso he hecho. Lleva unos días desaparecida, cuando se conecta sólo dice cosas inconexas. Escuchad. Esto es de hace unas semanas. Ya se veían indicios:

―¿Y piensas pasarte todo el día ahí tirada? ¿Así es cómo vas a afrontar la situación?
―¿Y tú piensas pasarte todo el día ahí de pie preguntando si pienso estar así, rubia?
―Te creía más que todo eso…
―Oh, no, no lo hagas, Cleo.
―No, yo no digo nada, solo es que no pensé que te dejarías derrumbar por un par de comentarios de, cómo tú sueles decir, “personas con la mente en blanco y negro”.

Si descontextualizas las cosas, puedes sacar de ellas el sentido que se te antoje, Bru ―So raspaba una mancha en el tacón forrado de tela sobre el que trataba de llamar la atención. Quizá si cambiaban de tema la morena se calmaría. Y darían tiempo a la otra para que apareciera―. Ya sabemos todas lo que te gusta un fantasma, pero estamos hablando de Karol, no de los Beatles.

Ella mucho más mona que Paul, es verdad.

¡No puedo creerlo! Casi lo dices tú misma Connie, Karol aúna en ella misma las personalidades de Lenon y McArtney. Es lógico pensar que algo trágico le haya sucedido. Leed este fragmento de diálogo; se masca la esquizofrenia:

― Me hace tanta gracia, que poco más y me tiro al suelo a reírme. A no, no puedo hacerlo porque estamos metidas en una celda de dos por dos y el único espacio libre lo ocupa el retrete que seguro no han lavado en la última década. Te mato, rubia. Te aseguro que esa, me la pagas...
― No seas tan quejica. Te dije que te controlaras, que no les hablaras así a los de seguridad, ¿y me has hecho caso? Claro que no. Tenías que soltar toda tu sabiduría sarcástica en contra de los dos securatas en plan bolas de poder: ¡Toma, zas! ¿Qué pensabas que pasaría?
― ¿En serio me estás haciendo comparaciones de las tuyas a estas alturas de los acontecimientos?
― A ver, morena, si nos preguntan cómo hemos llegado aquí y les dices que volando, o cuando te dicen que cómo hicimos para quedarnos dormidas les contestas que cerrando los ojos y entrando en coma, ¿qué narices creías que iban a hacer? Lo que me extraña es que a mí también me hayan encerrado...




La verdad Irene sonaba cerca de la rendición―, es que no me coge el móvil. Ya sé que todas somos amigas, pero ella y yo tenemos una relación más cercana. Nos conocemos desde antes y todo eso.

Sigue, rubia. No nos vamos a ofender por eso ―soltó So, impaciente.
Bueno, pues que lleva unos días que ni siquiera me manda mensajes. No es normal.

¡Por fin un rayo se esperanza!

Alicia, cariño ―Regina le acarició la melena morena―, ¿un rayo de esperanza? Si aceptamos que Karol está desaparecida por alguna razón más allá de lo ocupadísimas que estamos todas, más que un rayo de esperanza, lo que tenemos es un pozo de oscuridad.

Las chicas bajaron la vista. Alicia revolvía sus papeles, So había olvidado sus zapatos nuevos y sólo Connie encontró la presencia de ánimo para sugerir que quizá aquello no fuera tan malo.

Chicas, una cosa no se puede negar: Karol escribió esto de su puño y tecla:

—La rara eres tú, una mujer a la que no le gusta el romance y las historias de amor, cuentos de hadas modernos hechos para enamorar el corazón y el alma... solo sangre, y muertos, y muerte, y cementerios de animales y... ahí tienes el resultado: al final acabarás como uno de ellos.

Pero ―continuó Connie si aceptamos que la realidad es la que es, que Karol ha desaparecido y que es mejor que despleguemos algún dispositivo de búsqueda, quizá lleguemos a tiempo. Si actuamos como si hubiera ocurrido lo peor, estaremos preparadas para noticias menos terribles.

Irene se levantó del taburete y extendió los brazos. Todas comprendieron que se imponía un abrazo común y se pegaron a ella como lapas. Entonces, dándoles un susto de muerte, sonó un portazo en la entrada.

¿Rubias? ¿Morena? Ni os imagináis lo que me ha pasado. Traigo una entrada de coña para el blog.

A Irene le resbalaron dos lágrimas de alivio y a Regina se le encendieron los colores.

¿Qué pasa?

Tía, pensábamos que te había pasado algo.

Y me ha pasado.

Y hemos publicado tu entrada por ti.

¿Cómo?

Karol echó un vistazo a la pantalla y estalló en carcajadas.

No se puede negar que os sobra imaginación, pero no. No estoy poseída por el espíritu de Lennon: he encontrado el autobronceador ideal…