sábado, 16 de febrero de 2013

Vaya par de Gemelas: De Valentines, Manu(eras) de verlo y amores verdaderos va la cosa...


    Cierto es que algunas cosas, de tanto hablar de ellas, se vuelven empalagosas, aburridas o intrascendentes. Cuando hablamos de San Valentín, ¿de qué estamos hablando? Me da la impresión de que ya no lo sabemos. ¿Y no hay tema mejor? Probablemente lo hay, pero es que me pidieron ser Valentín por unas horas, así que toca pensar sobre esto.
     Ganas me dieron de buscar la sempiterna reseña de los orígenes más o menos históricos del personaje que da nombre a la fecha, pero me temo que ni la rubia ni la morena están por la labor de tamaña tontería.
    Me vino a la cabeza la película aquella de ¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo? Pero lo cierto es que me cuesta saber lo que se quiere decir en los tiempos que corren (en cualquier tema). Parece que el amor se haya vuelto un  concepto del pasado, de películas en blanco y negro adornadas con nubes de cigarros consumidos, palabras que han pasado de moda, como ese “para siempre”. La realidad parece que ha cambiado la traducción, nos ha coloreado las películas y les ha puesto BSO, y con todos esos adornos parece  que lo dicen todo. Y sin embargo, nosotros hemos callado. Nosotros como cinéfilos, y nosotros como personas. O hemos cambiado los hechos por las palabras vacías.
     Recuerdo que hace 26 años empecé a salir con la que hoy es mi mujer un día de San Valentín. Aún queda algo de aquello, y aún seguimos juntos. No es fácil. Pero es real. Recuerdo que entonces poco sabía de chicas (ahora creo que sé menos aún) y mi idea de romántico era una rosa roja en ese día. Y así comenzó todo. Creo que no hemos vuelto a celebrarlo nunca, y hemos dejado de adornarlo de esa manera. Uno descubre que la realidad es diferente, y que las rosas, los bombones o los regalos no sirven si no hay otro trasfondo, si tu vida no significa algo más, y si en tu vida no caben más cosas que tus egoísmos y deseos. A ver cómo le explico a mi hijo, con este panorama, que lo que se ve en “Corazón corazón”, “Sálvame” y “Sálvame deluxe” es basura barata que no llega a la altura de una Audrey Hepburn en “Desayuno con diamantes”.
     Enamorados. Para cada uno eso significa algo distinto. Entrega. Compromiso. Fidelidad. Pasión. Ni idea. Creo que ponerle calificativos es un ejercicio que sobrepasa tanto mi capacidad como mis ganas. Yo no soy Valentín, ni San Valentín, ni tengo flechas ni cabeza suficiente para saberlo. Yo no sé hablar bien, ni tampoco escribir bien. Dicen mis amigos que lo que se me da genial es escuchar, y mira tú por donde, creo que eso de escuchar sí  que tiene que ver con el amor (lo he acentuado rubia). Escuchar al otro, y escucharte a ti mismo, para ser de VERDAD.
     Otra gran palabra. Curioso que aparezca la verdad cuando este texto aparecerá en un blog, y se enlazará con redes sociales en las que la verdad brilla por su ausencia y en el que muchas relaciones naufragan por ese quiero y no puedo. Lugares en los que se sufre de verdad por personas que no son del todo reales o que no persiguen más que jugar con sentimientos, con palabras, con todo.. En fin, que me pierdo. Es lo que tiene no ser ni siquiera un aficionado a la escritura.
     Una semana temática para un tema controvertido. De pequeño escuchaba que el amor era el sentimiento más poderoso. Luego descubrí que el odio parece ser más poderoso aún. El telediario y las noticias diarias me dan la razón. Sé (y lo busco a diario) que hay manantiales de buenas noticias, de buenas acciones, y reductos de buenas personas, pero hay que buscarlos… y eso no vende. Descubrí que al menos yo no quiero vivir odiando. Y sin embargo el odio no es lo peor. Lo peor es la indiferencia. Cuando odias a alguien, ese alguien existe y te produce algo, aunque sea malo. Cuando alguien te da igual, es una persona invisible. Ha desaparecido (lo de la invisibilidad es algo que va siempre conmigo). Pues bien, creo que el amor se ha vuelto invisible. Al menos el “amor verdadero” del que hablaba en “La princesa prometida” Vadercap.
      ¿Se puede hablar de amor hoy? ¿Existe el amor hoy? Hay mujeres maltratadas físicamente en medio mundo, y psicológicamente en todo el resto. Nos despertamos con noticias sobre pruebas nucleares que digo yo que no se hacen para hacer reír al mundo.  Iniciativas populares para evitar que familias pierdan sus viviendas que son imposibles de prosperar en este mundo nuestro tan terreno. Niñas y niños de los que se abusa y a los que se prostituye. A lo mejor es que el amor ha quedado para las nubes y las estrellas. A lo mejor hay que “dar un paseo por las nubes” (para lo poco que me gusta el cine ya van unas cuantas) para descubrirlo. Un paseo que creo que es mejor, más bonito, y más esperanzador si se da con otra persona (aunque sea tu gemela, aunque parezca que no te entienda, aunque sea muy distinto de uno mismo). O a lo mejor es que lo que de auténtico tiene ese sentimiento necesita de la ilusión y de la fantasía para volver a creer en él.
     Debe ser eso porque no me resigno a que las emociones no se puedan vivir a ras de tierra. Bajarse incluso de los tacones (aunque en este blog eso no sea políticamente correcto) y caminar descalzos sintiéndolo todo más cercano, más real, como sienten los niños las cosas (ahora pienso que los niños también ven real a los reyes Magos, al ratoncito Pérez….)
     Va a resultar que el unicornio lo mismo nos hace dar con su paradero. No sé qué pensarán las gemelas de esto, pero quizás tras leer este ladrillo necesitan de un par de copazos sin discutir para hacer la digestión.



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Quiero dar este pedazo de gracias con todo mi corazón y alma al gran Manu Tomas, amigo, escritor (¡shitu y no me lo discutas!^^) por prestarme su arte para esta entrada especial de San Valentín... ni yo lo hubiese dicho mejor, y te aseguro que las gemelas y el unicornio se han convertido en tus fans incondicionales:D !!Gracias, Manuuuu!!
Karol Scandiu

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Y el lunes no os perdáis la rubia por excelencia y su Blond Bind sin igual :D

viernes, 15 de febrero de 2013

¿Qué hacer antes de los 30? Día de San Valentín



En tacones celebramos San Valentín, ¡síííiiii! toda la semana.  Y por ello hemos invitado a los más grandes.
Hoy me acompaña y tengo el lujazo que se haya metido en la cabeza de mi Jóse, una gran amiga y compañera literaria, un sol de persona a la que admiro y de la que no dejo de aprender, GRACIAS Yolanda Quiralte, ¡eres grande mi amol!




Por YOLANDA QUIRALTE

Mi rubita, (Dios, ¿he dicho yo eso?) que es como el melocotón en almíbar, espera, imagina, sueña, maquina e idea el día de San Valentín.
Cualquier hombre que se precie, así, ya de salida odia el día en cuestión. ¿Por qué? Porque hagas lo que hagas, o no las dejas satisfechas, o hace que te sientas como una mezcla de caramelo y estúpida esencia de “lo hago para quedar bien”.
Y sé que muchas de vosotras os preguntaréis si en este mundo no hay un solo hombre romántico. Los hay. Escasos. De leyenda, pero los hay.
Mi mente perturbada de hombre sincero no deja de cuestionarse la razón por la cual mujeres y hombres vemos el temita del romanticismo desde diferentes perspectivas; vosotras desde la cursilería (fiiiiiiiiiiiuuuuuu acaban de llegarme vuestros cuchillos voladores), y nosotros desde la sensatez y la simplicidad. ¿Necesitamos tartas de corazones, flores, etc? Nooo. Vosotras sí, y si lo acompaña una buena cena y algo redondo que brille, mucho mejor. Bastante mejor. ¡¡Infinitamente mejor!!

¡Qué sí! Que ya sé que todas no sois así, mujeres emancipadas de la vida moderna… Pero como no le prepare un San Valentín de órdago a la “Blonde” de mi corazón, puedo ir preparando la maleta de mis despistes y salir pitando en dirección contraria. Soy un exagerado. Lo sé… pero esta chica me gusta (jamás lo reconoceré en público)  y quiero hacerlo bien.

Descartada mi primera opción de un buen partido de fútbol, baloncesto, balonmano o cualquier deporte en el que se incluya una pelota, no vaya a ser que se mosquee, he pensado que quizás le apetezca ir al teatro, o la ópera, o a la cama… que es realmente lo que deseo yo. Evidentemente tacho la última opción, relegándola a la casilla de “puedo, quizás, a lo mejor, depende de cómo te lo montes en la cena”.

Armado de valor, adquiero dos entradas para un musical, reservo en un buen restaurante y no contento con eso compro un ramo de florecillas malvas, algo muy elegante que sé que le va a gustar. Completo el asunto con una ducha, perfume por “todas partes” y mi sonrisa maquiavélica de “¿has visto nena qué crack tienes a tu lado?

Estoy agotado. Sobra decirlo. Para un hombre sencillo y cabal, preparar semejante jornada maratoniana te deja reventado para el resto de la semana.  Pero en fin, saco fuerzas de mí y me dispongo a llamar a la mujer que ocupa mi alma… de momento. Ya se sabe que esto del amor eterno y para siempre es un bien escaso y preocupante.

Saco mi móvil de última generación, es decir un Nokia del pleistoceno superior. Marco su numero (me lo sé de memoria, pero tampoco  pienso reconocerlo jamás) y tecleo, emocionado ante la perspectiva de una noche genial de sexo desenfrenado. Confío plenamente en mi estrategia: flores + musical + cena + polvo. ¡¡¡Infalible!!!

Ringggggggggggggggggggggggggggggggg

─Este es el contestador de la rubita peleona. Debido al día de San Valentín, comunico a novio, padres y amigos que estoy en off metida en un pedazo de spa maravilloso con todas mis amigas. ¡¡Mujeres al poder!!... pppppppppppppppppppppiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii.

Me he quedado en medio de la acera. Perfumado. Vestido. Estupefacto. Y puedo aseguraros que las flores NO están buenas…

 









Mañana no te pierdas mi hermana Karol Scandiu, solo os digo que también cuenta con un INVITAD@ de lujo!!!! Semanita taconeraaa impresionante!!!!

jueves, 14 de febrero de 2013

Encuentro en tacones: Con ellas nunca se sabe… (Por Gustau Santos)



Regy, desperezándose cual leona y rugiéndole el estómago al reclamar el desayuno, va de camino a la cocina y pasa por el salón.
Allí se encuentra a So, vestida con un pijama rosa y unas zapatillas de Hello Kitty, que está escribiendo con un bolígrafo rosa en una libreta de hojas de color rosa.
 ¡Buenos días, cielo! — Dice Regy al pasar —  ¿Hoy va de humor o de fantasía épica?
 ¡Buon giorno, amore! —  Responde So sin levantar la vista —  ¿De humor? ¡De amor!
Regy mira a So y en plan cachondeo le suelta: ¿Qué te pasa, nena, hoy es la invasión de los ultracuerpos o algo?
 ¡¡¡Cariño!!!, ¡¡¡Qué divertida eres siempre!!! Anda, anda, ya tienes el desayuno listo, doble ración de tortitas con nata y caramelo —  dice riendo So.
Regy cabecea extrañada mientras entra en la cocina, pensando "esta So tiene más sorpresas que una piñata".
En la cocina, delante de un gran bol de cereales con leche, está Connie, removiendo la cuchara con aire ausente.
 ¡Buon giorno, bella! —  Saluda Regy mientras le acaricia con cariño la rubia cabecita.
 ¿Cómo? ¿Qué? ¿Dónde? —  Responde aturullada Connie —. Ni bon ni ná, juer, que tengo la cabecita dando por saquito, he pasao una nochecita toledana y en mala posición, y la posición no era ninguna de las del kama sutra ese, maldita sea mi sombra, cuando me da el yuyu, me da..., un día me cambiaré la cabeza por una patata a ver si así mejoro…
 Vale..., vale..., cielo... —  Regy intenta calmar a Connie — no sé qué te ha pasado, pero seguro que no es nada grave, pero si tu todo lo ves siempre en positivo..., vaya que estáis raras hoy algunas...

En esas entra Irene a marcha militar, hablando en voz baja pero con el volumen necesario para que las otras la oigan: Si es que raras no es que estéis hoy, lo raro es que no estéis raras, hiperdulce una, tocá de la perola otra, tragaldabas la de más allá, si aquí no se salva ni una, es que ni una, si no fuera por mí que os mantengo a raya...
Entonces Regy las mira a todas, una a una, y se da cuenta de que algo muuuuy raro está pasando hoy con sus amigas, y grita llamando a Karol y Alicia en busca de ayuda.
Al poco se presentan ambas, intentando entrar a la vez por la puerta de la cocina, chocando, mientras se increpan mutuamente por ello:
 ¡Ya estamos, te llama una rubia y pierdes el culo! —  Dice Alicia.
 ¡Pues mira que tú - responde Karol —  corriendo a ver si le pasa algo a tu rubia del alma, que hasta has dejado tirado al pobre unicornio en la cama!
Oyendo lo que oye, Regy se lleva las manos a la cabeza, porque se da cuenta de que, una de dos, o está aluciflipando en colorines y sensorround, o aquí pasa algo que es como la invasión de los ultracuerpos pero con rubias y a lo loco, es una inversión de rubias en toda regla, con aparición de las gemelas incluida...
Mientras decide cual es la técnica de psicología inversa más adecuada para deshacer el desmadre neuronal que tiene delante, se arremanga el pijama, pone cara de saber que debe hacer, y se planta delante de sus amigas para hablarles en tono dulce y pausado.
 A ver, chicas —  empieza Regy titubeando —  ya sé que parece extraño, pero estáis un poco dispersas y alteradas, algo raro está pasando, a ver, decidme ¿qué es lo que sentís?
Entonces, a la vez, las cinco amigas se ríen y gritan: ¡Te queremos, Regy! ¡Feliz San Valentín!
Mientras todas se abrazan riendo, se oye una voz medio malagueña susurrar “Cacho cabronas, sus vai a enterar lo que vale un peine”.




Esta semana es especial, no solo porque sea San Valentín, si no porque un chiquillo al que quiero un mundo me ha concedido el honor de pasarse por aquí a nuestro rinconcito en tacones para dejarnos este maravilloso relato del encuentro taconero. Él es Gustau Santos Casademont, un escritor como la copa de un pino de grande y que tiene esa manera de escribir que a mí me apasiona, suelta, vivaz y llena de detalles que siempre me arrancan una sonrisa. Gracias mi Gus por ser mi chico San Valentín, nadie como tú para poner palabras a las taconeras más cañeras, que bien nos conoces nene :D
Y para los que quieran saber más sobre este autorazo, aquí está su blog, no tiene desperdicio: http://quantaoutofnowhere.blogspot.com.es/




Y mañana más con nuestra rubia dulce y preciosa, los mejores consejos, las mejores historias y todo lo que hay que saber sobre qué hacer antes de los 30 ^^
Connie, te queremos!!! 


miércoles, 13 de febrero de 2013

LA MOTA ROSA: SEMANA ENAMORADA





No voy a comenzar atacando al tópico de que “vaya pérdida de tiempo fijar un día para el amor” “Hay que quererse todo el año” “Es un invento de los grandes almacenes para hacer negocio”… Menos blablablá y más glugluglú. Al grano. Por supuesto que hay que quererse todo el año, faltaría más, pero no está mal que un día especial quede sellado como tal, bautizado y nombrado representante;  marcar una fecha significativa en el calendario no hace daño a nadie y resulta francamente útil a los desmemoriados. Nadie te obliga a correr al centro comercial a gastar las perras, puedes, simplemente, llevarle a tu amor el desayuno a la cama o la bandeja con la cena al sofá; puedes escribirle una carta con tus sentimientos más íntimos, aquellos que siempre te dio vergüenza expresar; puedes dedicarle tu baile más sexy. No sigo porque voy corta de tiempo pero seguro que habéis captado el mensaje: tener un detalle en nombre de Cupido no tiene por qué afectarte al bolsillo.

En nombre del amor se han dicho muchas cosas, se han escrito sonetos, se han filmado verdaderas obras de arte, de modo que no me molesta que haya un día de los enamorados, es más, abogo por instaurar una “semana enamorada”, siete días a lo largo de los cuales nos esforcemos consciente y voluntariamente, en hacer más felices a nuestros compañeros de camino. Hablamos del amor, parloteamos con frecuencia respecto de ese etéreo sentimiento que llega sin llamar y nos atrapa en sus redes pero pocos sabemos lo que significa en profundidad.




¿Te conocemos, Cupido? ¿Representa Eros la gran incógnita? Ya no me refiero solo a cuando se confunde con un espejismo y nos lleva por la senda de la amargura y la fascinación. ¿Sabemos el nombre de las muchas sustancias puramente químicas que se activan con la atracción? ¿La fecha de caducidad de sus efectos? ¿La clave antropológica de en qué nos fijamos cuando escogemos compañero/a?

Hay tantas variantes en juego que enamorarse es como jugar a una ruleta que no se detiene. No es fácil, han de combinarse muchas cosas. Hay gente que se va de este mundo sin haber sentido el pinchazo mágico (el de verdad). Deberíamos sentirnos muy afortunados cuando ese gran milagro nos visita y nos envuelve con su abrazo en lugar de cuestionarlo todo el tiempo: a él/ella, a nosotras/os, lo que ocurre, cuándo y cómo… en lugar de dejarnos llevary disfrutarlo, nos dedicamos a matar lentamente ese gran prodigio que es conocer el amor.

 
Que nunca te hayan querido, decía el poeta, es casi circunstancial. El no haber amado jamás, una auténtica desgracia.

Feliz día de San Valentín. Luchad por enamoraros (el deseo sincero basta).

 Y mañana jueves... ¡Tachaaaaan! Encuentro en Tacones. Con nuestra rubia Irene Comendador.
Ahí es ná...



lunes, 11 de febrero de 2013

Galletas de la suerte: Prostitución infantil


Lo fácil es hablar de Somaly Mam, la mujer camboyana nacida en 1970 a la que su familia vendió a cambio del dinero suficiente para comprar una lavadora y que terminó en un burdel antes de cumplir los diez años. Hace tiempo leí su biografía y se me encogió el corazón. Luego quise irme a Camboya a salvar niñas y descubrí que primero tendría que hablar camboyano. Y comprometerme a pasar allí no sé cuánto tiempo, porque si no mi presencia sería una carga en lugar de una ayuda.

Es sencillo contar que Somaly escapó de su cautiverio, que emigró a Francia y que años después regresó a Camboya para, ella sí, salvar a niñas de sus explotadores sexuales. Ha creado una asociación, AFESIP, que le sirve como instrumento para dar a conocer su labor y recaudar fondos. Ahora solo me queda decir que todos somos Somaly Mam. Que ella era una niña feucha y delgada cuyo cuerpo y voluntad fueron quebrados de forma sistemática y que encontró la fuerza y el coraje de escapar primero y ayudar a otros después. Si ella pudo ¿Qué no podremos nosotros?

Lo que ocurre es que cuando resuelves la situación diciendo “prostitución infantil”, el asunto queda en un concepto. Al menos en mi cabeza no hay ninguna imagen asociada a esas dos palabras. Prostitución infantil no es nada. Es como terrorismo o pobreza o desnutrición o… no sé, injusticia. Así que os voy a contar en unas 750 palabras lo que es la prostitución infantil.

Una mañana tu abuelo llega a su casa (por favor, pensad ahora en vuestro abuelo. El de verdad. Ese al que queréis o de quien conserváis un recuerdo agradable). Ha bebido. Tú no sabes que bebe, pero huele a alcohol. Ves que se acerca a la parte de atrás de la casa. Allí se encuentra tu madre. Es muy pequeña. Tiene siete u ocho años. No ha comido mucho y los bracitos, de los que cuelga una camiseta de algodón amarillento, se ven delgados. Pellejo sobre hueso.

Tu abuelo la coge de la muñeca mientras le da un grito.

- Aparta.

No te habías dado cuenta, pero alguien más había entrado con él en casa. Alguien que se acerca y agarra a tu madre por el mismo brazo. Entre las dos manos de los hombres desaparece el brazo de tu madre; esa niña de ocho años que en realidad imaginaba que aquello sucedería antes o después; porque eso es lo que pasa siempre, antes o después.
No protesta. Se va con el hombre desconocido mientras tu abuelo cuenta unos pocos billetes. El ambiente apesta a alcohol barato destilado en patios traseros.

El camino se hace en silencio. A ella le duele el antebrazo. Se le clava el metal de un anillo enorme. Termina en un cuchitril con las paredes desconchadas por fuera. Una rata asoma debajo de la puerta. A tu madre se le eriza el pelo de la nuca y da un tirón. Hasta ese momento al hombre que la ha comprado se le había olvidado que la arrastraba, pero el miedo a la rata la ha vuelto a poner en su punto de mira. Le estampa la mano abierta en la cara. Los cinco dedos. El anillo le abre una herida en el labio. La mejilla le duele, se le han saltado las lágrimas, aunque no solloza. Se siente como si le fuera a explotar la cabeza.

De un empujón la meten dentro de una habitación inmunda. Paredes oscuras, oxidadas, salpicadas de manchas orgánicas. Huele a meados, a mierda rancia, a un tipo de suciedad que le pone una arcada en la garganta. Pero tu madre no vomita. Mira con asco un colchón destripado junto a la pared del fondo. Otro empujón la tira sobre la espuma tan usada que resulta igual de dura que el suelo.

Quiere levantarse y apoya las manos, pero las separa inmediatamente. Ha tocado una mancha húmeda, fría, repugnante. Esta vez la arcada no tiene tiempo de formarse. A los lados del cuerpo de siete, quizá ocho años, de tu madre, se levantan dos piernas desnudas. El comprador la mira con ojo experto. Se masturba sobre ella, que le mira con los ojos grandes, vidriosos. Está asustada. Muy asustada. El hombre se corre. Un chorro de semen translúcido le mancha la cara.


No ha sido tan terrible.

En tu casa, el abuelo, su padre, ha comprado más de esa bebida barata. Ha hecho un buen cambio. Esa noche será corta. Y la siguiente. Quizá un par de semanas de noches cortas a cambio de una hija que no daba más que problemas, que comía a diario.

Mientras tu abuelo se felicita, al nuevo hogar de tu madre llega alguien con dinero bastante para pagar por su virginidad. Quizá pague tres o cuatro veces lo que ha recibido tu abuelo. Así que no es sólo que tu abuelo sea un desalmado hijo de puta. Es que es un desalmado hijo de puta imbécil.

Tu madre se ha levantado del colchón y se ha limpiado la cara en la camiseta deslucida. Ahora le da tanto asco la camiseta como el colchón, pero no quiere tumbarse de nuevo. No ha salido en todo el día. La han encerrado. No ha comido ni ha hablado con nadie. Hasta que se abre la puerta, la rata desaparece de nuevo y la vuelven a empujar sobre la espuma infecta, nauseabunda.

Entonces sí, no le arrancan la camiseta, se la levantan y le tapan la cabeza. Se ahoga con el algodón, amargo por la mancha de semen. Quiere llamar a tu abuela cuando unas manos grandes, ásperas, le separan las piernas. Este hombre nuevo que también la ha comprado se ha procurado una buena erección. El sexo lampiño de tu madre le recibe con dolor, con un dolor semejante al de una cuchilla en el estómago. Luego vienen los golpes, las sacudidas. La sangre de tu madre corre piernas abajo, hasta el colchón, donde se confunde con la sangre seca de otras madres, de otras niñas.

Unas manos le aprietan los pechos inexistentes, le hacen moretones, le producen contusiones en todas partes. Cuando pierde el conocimiento, este segundo hombre se aparta de ella con asco. Pide a alguien que la despierte. Ha pagado por los dos agujeros y eso es lo que se llevará.

Eso es solo la primera noche. Le seguirán muchas. Hasta una muerte temprana, de modo que tú no habrás nacido.

Y esto es la prostitución infantil. Quizá ahora sí quieras visitar la página de AFESIP. Búscala.




Y mañana la Mota, la Rosa, La mota Rosa.
No te lo pierdas!


From my bonde Mind: SAN VALENTIN: TIN-TIN-TIN.


¡Oh, San Valentín! ¿Ya es esta fecha otra vez? Valentín rima con tin-tin-tin, el canturreo de las monedas saltando felices en un monedero lleno. No el tuyo, por supuesto, porque si quieres aparentar normalidad y bailar en la danza social de lo que está aceptado y lo que se espera que hagas, vas a tener que desembolsar pasta para hacerte con unas flores, una cena romántica en un restaurante abarrotado de parejas que se miran embelesadas, o algún regalillo exótico. Afortunadamente no lo vas a tener muy difícil: La industria se pone rápidamente en marcha (como en Navidad, oiga) y te ofrece un sinfín de productos que ensalzan el símbolo internacional del amor: El idealizado y súper reconocible corazoncito, normalmente de un rojo intenso. Porque el amor es rojo, como la pasión. Queda precioso cuando lo compras en forma de peluche abrazable (no lo cojas al revés, porque el símbolo del amor parece un culo cuando lo pones boca abajo), bombones escondidos en cuerdísimos envoltorios de todos los tonos homologados para la ocasión: desde un elegante borgoña a los más histéricos chillidos de rosa. También encontrarás monísimos ositos con globitos donde se lee: "¡TE AMO, COSITA!" o "¡ERES LA PERSONA MÁS ESPECIAL, WOOPE!" y mil cachivaches más, todos preciosos y muy aceptados. Porque de eso va todo esto. El lema es: Compra algo, vete a pasa, y supera la tesitura con dignidad, porque…¿quién puede poner mala cara a una de esas tartas del Mercadona que están rellenas únicamente de crema, pero que tienen la palabra LOVE encima, y que cuestan solamente quince eurazos de millón? Eso sí, poned cuidadín que no todo vale, que servidor ha visto cacerolas rojas con forma de corazón para regalar en San Valentín. Casi me imagino la escena cuando el pobre diablo le presente semejante cosa a pareja o parejo.
Para los más atrevidos hay otra serie de movidas: Esposas de color rosa (¡woohoo!), atrevida lencería (y ropa interior para él, abotargada de corazones, por supuesto) amén de decenas de miles de juguetes eróticos mil. A mí esto ya me parece mejor, porque son cosas que (si tienes suerte) usarás más de una vez. Pero oye, cada cual que se agarre a su palo.
Odio ser el grinch de tan señalada fecha, de verdad. Sé que hay muchas damas y caballeros que esperan la fecha con ilusión, y me parece perfecto. Los ingleses tienen una frase perfecta para esto: "Whatever floats your boat" (Lo que sea que mantenga tu barco a flote), pero personalmente me toca un poco las narices que la industria del consumismo me diga cuándo debo decirle a mi mujer que la quiero, y cuándo toca irse a la cama temprano. Cuando se convierte en una obligación impuesta por las grandes superficies y las normas sociales, como que la cosa se viene abajo, oiga, y no hay tarta del Mercadona que consiga solucionar la papeleta. Los publicistas, sin embargo, se esfuerzan mucho por transmitirnos un estupendo mensaje: Si le regalamos a nuestra novia de turno el último bolso de Prada "Colección San Valentín" (una cosa extraña, de un rosa con corazoncitos, ¡claro!) tendremos plan asegurado. Plan no sé si habrá… pero lo que sí es cierto es que el mensaje funciona, y cómo. Oye, El Corte Inglés no invierte un montón de pasta en carteles mil, recordándonos que "San Valentín se acerca" desde un mes antes. Todo ese trabajo de cartelería y publicidad tiene sus frutos. San Valentín mueve ya unos diecisiete mil millones de dólares americanos, y solo en Estados Unidos. Eso son muchas rosas, muchas tartas de Mercadona (que en Estados Unidos tiene un nombre mucho más sofisticado, pero que es lo mismo, oiga) y toneladas de bragas rojo-pasión. Nadie se da cuenta del truco, o a nadie le importa, porque la cifra se incrementa cada año. ¡Naturalmente que lo hace! porque si caíste en la trampa de regalar a tu amada un bolso de Prada, ¡ay amigo!… no le vas a regalar algo más cutre este año, digo yo. ¿Cuál sería el mensaje, entonces?, ¿cariño, este año te quiero menos? Impensable. Esto es un crescendo imparable que desembocará, irremediablemente, en una carísima pulsera con diamantes. O un cochazo rojo-pasión, si es que tienes pasta en esos bolsillos que gastas. ¡Ah, amigos! Como decía el Almirante Ackbar en El Retorno del Jedi: "¡Es una trampa!".
Lo siento otra vez, es que San Valentín me pilla con el cupo lleno. Cuando llega la fecha, tengo la bolsa llena. Se llena todos los días, con el amor de mis hijas, mis amigos, y de gente desconocida que me escribe y me habla de cómo han disfrutado con mi trabajo. Todo eso es amor. Y los detalles son los detalles, claro que sí, pero mi mujer, por ejemplo, los tiene siempre conmigo. Los tiene cada día, sin importarle la fecha. Una vez se bajó a la piscina y formó un corazón con casi medio centenar de velas. Cuando bajé estaba ya oscuro, y quedaba precioso. Realmente me hizo sentirme como un colegial en la primera cita; había algo de viento y pude imaginar el periplo que la pobre pasó para mantenerlas todas encendidas. Pero precioso era, y mucho, y de cosas así podría escribir un libro entero.
Mi mujer me dice que me quiere todos los días, a todas horas. Cuando me escucha, cuando me apoya, cuando intenta manejar con tacto mis idas de olla, interesándose por lo que hago, con pequeños gestos cotidianos. El amor es como una chimenea: Hay que alimentarla constantemente, o se acaba apagando. Yo amo con locura a mi mujer, trabajo en casa y estamos juntos los veinticuatro horas del día, siete días a la semana; me acuesto y me levanto con ella, y cuando dejo de tenerla cerca unas horas, me siento incómodo y raro. La amo, pero cuándo y cómo se lo digo, a San Valentín no le importa.
 Quedo en deuda con Carlos Sisi por esta entrada especial. No os creáis lo que dicen de él en las redes, es aún mejor. Muchas gracias, nene. 
So Blonde.


El segundo día de la semana es de Regina Roman y su Mota Rosa, no tengo ni idea de qué ha preparado para la semana más pastelosa del año. Mañana lo descubrimos.

viernes, 8 de febrero de 2013

¿Qué hacer antes de los 30? Te presento a mis padres




 


Os tenía abandonados y lo siento. Imaginaros mi carita de pena, multiplicada por mil galletas oreo’s que veo y no puedo comer. ¡Qué coshita! Y encima son las bañadas en chocolate blanco, ains.

No tengo muchas excusas, pues todas negocian con los dos señores que rigen mi vida: don tiempo y don Morfeo, fundamentales para que no tropiece.

¡Vale! Ya os dije que no es excusa, lo importante y nueva misión para mí, es sentar cabeza.

Aquí me veis –no me veis, lo sé- pero es lunes y ¡síiiiii! ¡Surprise! Estoy escribiendo la entrada del viernes.

Os la merecéis y espero no defraudaros porque cada vez más se me complica el panorama.

Aquí voy:

Sábado por la tarde:

Mis padres y yo en el museo Nacional del Padro, -¡ohhh, ahhhh, ajá, ohhhh!, luego muertos de frío un paseíto por retiro –grrrrr. Más tarde en un típico restaurant capitalino devorando un cocido calentito que por poco no quedan ni los huesos, y finalizando el tour rapidito, ya en el autobús-rojo rodeados de japoneses, descendemos en el  bernabéu haciendo oídos sordos a  los comentarios de mi padre hacia dos mujeres que lo único que celebran de fútbol son las noches que la televisión no lo emite y os vais al bar.

¡Ay que soledad más agradable!

En fin, después de redescubrir Madrid y todos sus puntos imperdibles para un turista de fin de semana, tocaba la gran cena familiar.

¿E Irene? Pues Irene después de recoger a mis padres en el aeropuerto y reírse de mí mueca alegre-preocupada decidió saltarse la parte guía turística ya que en casa de Karol había encuentro y las chicas tenían invitados.

La cena sería en un conocido restaurant que eligió Jóse, nos encontraríamos allí a las 22, mi padre se mostraba desconforme con el horario de la cita:

―Tu amiga no se imagina que la gente mayor cene temprano ―suelta enfadado a los cuatro vientos.

―¿Tú mayor? Entonces ya va siendo hora que te quites ese ridículo pendiente en la oreja. ―lo corta mi madre, una señora que aparenta siempre cuarenta años en todos sus sentidos, sobre todo en la energía que irradia, y claro que los pasó hace décadas.

Yo los miro y admiro, entre quejas y chillidos siempre juntos y enamorados como un matrimonio puede llegar a estarlo, sin la ceguera esa que lo envuelve todo. Ahora se acompañan y se aman con ojos que ven y aceptan.

Luego me atropella la duda ¿Amiga? No, no ha sido un error de teclado.

―¿Tú sabes con quién vamos a cenar, verdad papá? ―le pregunto mientras nos estamos sentando.

―Sí, con tu amiga, Irene, la chica tan guapa que ha venido a recogernos.

―Mmmm no, justamente no es una chica papá ―le contesto con el terror de princesa encerrada en una torre por un padre que quiere protegerla de las hienas machos.

―Te digo yo que es chica, vamos, sé reconocer unas lolas hechas ―contesta riéndose.

―No te hagas el gracioso, que tu hija te está queriendo comunicar algo importante.

―Que sí, que quiero presentaros a una persona muy especial para mí ―interrumpo a mis padres, mientras veo como un Jóse disfrazado de novio serio con gafas y camisa blanca se acerca para estrechar la mano de mi padre.

―Pues eso, papá, mamá él es Jóse, mi, mi… mi compañero de piso ―suelto nerviosa.

―¿Compañero de piso? ―responde Jóse  y de repente se apaga para siempre la música del mundo, el silencio nos inunda.

―Sí, mi compañero de piso, que es gay, que no pasa nada entre nosotros ―agrego y me vuelvo a enredar.  

―¿Gay? ¿Y a ti qué te pasa? ―dice Jóse, con una mirada punzante.

―E Irene ¿dónde está, tu amiga? ―pregunta mi padre.

―Vale ya, que le estáis dando un susto al chico, Jóse encantada, sé que eres el novio de nuestra pequeña malvada.

―¿Será una broma? ¿El novio de quién? ―contesta mi padre enfurecido―, ¡No! ¡Novios no, lo sabes que lo tienes prohibido! Tú tienes que casarte con el hijo de Antonio se lo prometí el día de su muerte, no puedes hacerme esto.

―Pero papá… yo.

―¡Qué no! Vámonos ya de aquí ―vuelve a insistir mi padre cogiéndose el pecho ―.Ah, no siento el brazo, ¡ah! Un pinchazo en mi corazón. ―Agrega simulando un ataque cardiaco.

―Siéntate papá, tranquilo ―le digo mientras veo como se desvanece en una silla.

―¿Llamo a una ambulancia? ¡Por favor, qué alguien nos ayude! ―dice Jóse pálido por las noticias y la situación.

―¡Qué no hombre, qué es broma! ―dice papá riéndose.  

―Es bromita, no me mates ―le digo abrazándolo por la cintura.

Mientras las carcajadas se oyen hasta en Cuenca, mi padre le suelta:

―¡Bienvenido a la familia! 

******Y mañana sábado no te pierdas a KAROL SCANDIU, una persona maravillosa que yo estaré achuchando en Madrid, ¡buen finde!******