viernes, 8 de febrero de 2013

¿Qué hacer antes de los 30? Te presento a mis padres




 


Os tenía abandonados y lo siento. Imaginaros mi carita de pena, multiplicada por mil galletas oreo’s que veo y no puedo comer. ¡Qué coshita! Y encima son las bañadas en chocolate blanco, ains.

No tengo muchas excusas, pues todas negocian con los dos señores que rigen mi vida: don tiempo y don Morfeo, fundamentales para que no tropiece.

¡Vale! Ya os dije que no es excusa, lo importante y nueva misión para mí, es sentar cabeza.

Aquí me veis –no me veis, lo sé- pero es lunes y ¡síiiiii! ¡Surprise! Estoy escribiendo la entrada del viernes.

Os la merecéis y espero no defraudaros porque cada vez más se me complica el panorama.

Aquí voy:

Sábado por la tarde:

Mis padres y yo en el museo Nacional del Padro, -¡ohhh, ahhhh, ajá, ohhhh!, luego muertos de frío un paseíto por retiro –grrrrr. Más tarde en un típico restaurant capitalino devorando un cocido calentito que por poco no quedan ni los huesos, y finalizando el tour rapidito, ya en el autobús-rojo rodeados de japoneses, descendemos en el  bernabéu haciendo oídos sordos a  los comentarios de mi padre hacia dos mujeres que lo único que celebran de fútbol son las noches que la televisión no lo emite y os vais al bar.

¡Ay que soledad más agradable!

En fin, después de redescubrir Madrid y todos sus puntos imperdibles para un turista de fin de semana, tocaba la gran cena familiar.

¿E Irene? Pues Irene después de recoger a mis padres en el aeropuerto y reírse de mí mueca alegre-preocupada decidió saltarse la parte guía turística ya que en casa de Karol había encuentro y las chicas tenían invitados.

La cena sería en un conocido restaurant que eligió Jóse, nos encontraríamos allí a las 22, mi padre se mostraba desconforme con el horario de la cita:

―Tu amiga no se imagina que la gente mayor cene temprano ―suelta enfadado a los cuatro vientos.

―¿Tú mayor? Entonces ya va siendo hora que te quites ese ridículo pendiente en la oreja. ―lo corta mi madre, una señora que aparenta siempre cuarenta años en todos sus sentidos, sobre todo en la energía que irradia, y claro que los pasó hace décadas.

Yo los miro y admiro, entre quejas y chillidos siempre juntos y enamorados como un matrimonio puede llegar a estarlo, sin la ceguera esa que lo envuelve todo. Ahora se acompañan y se aman con ojos que ven y aceptan.

Luego me atropella la duda ¿Amiga? No, no ha sido un error de teclado.

―¿Tú sabes con quién vamos a cenar, verdad papá? ―le pregunto mientras nos estamos sentando.

―Sí, con tu amiga, Irene, la chica tan guapa que ha venido a recogernos.

―Mmmm no, justamente no es una chica papá ―le contesto con el terror de princesa encerrada en una torre por un padre que quiere protegerla de las hienas machos.

―Te digo yo que es chica, vamos, sé reconocer unas lolas hechas ―contesta riéndose.

―No te hagas el gracioso, que tu hija te está queriendo comunicar algo importante.

―Que sí, que quiero presentaros a una persona muy especial para mí ―interrumpo a mis padres, mientras veo como un Jóse disfrazado de novio serio con gafas y camisa blanca se acerca para estrechar la mano de mi padre.

―Pues eso, papá, mamá él es Jóse, mi, mi… mi compañero de piso ―suelto nerviosa.

―¿Compañero de piso? ―responde Jóse  y de repente se apaga para siempre la música del mundo, el silencio nos inunda.

―Sí, mi compañero de piso, que es gay, que no pasa nada entre nosotros ―agrego y me vuelvo a enredar.  

―¿Gay? ¿Y a ti qué te pasa? ―dice Jóse, con una mirada punzante.

―E Irene ¿dónde está, tu amiga? ―pregunta mi padre.

―Vale ya, que le estáis dando un susto al chico, Jóse encantada, sé que eres el novio de nuestra pequeña malvada.

―¿Será una broma? ¿El novio de quién? ―contesta mi padre enfurecido―, ¡No! ¡Novios no, lo sabes que lo tienes prohibido! Tú tienes que casarte con el hijo de Antonio se lo prometí el día de su muerte, no puedes hacerme esto.

―Pero papá… yo.

―¡Qué no! Vámonos ya de aquí ―vuelve a insistir mi padre cogiéndose el pecho ―.Ah, no siento el brazo, ¡ah! Un pinchazo en mi corazón. ―Agrega simulando un ataque cardiaco.

―Siéntate papá, tranquilo ―le digo mientras veo como se desvanece en una silla.

―¿Llamo a una ambulancia? ¡Por favor, qué alguien nos ayude! ―dice Jóse pálido por las noticias y la situación.

―¡Qué no hombre, qué es broma! ―dice papá riéndose.  

―Es bromita, no me mates ―le digo abrazándolo por la cintura.

Mientras las carcajadas se oyen hasta en Cuenca, mi padre le suelta:

―¡Bienvenido a la familia! 

******Y mañana sábado no te pierdas a KAROL SCANDIU, una persona maravillosa que yo estaré achuchando en Madrid, ¡buen finde!******

5 comentarios:

  1. Hala!! El padre tan malvado como la hija, es que queréis matar al pobre Jose de un disgusto??? Madre mía que maldad jejejeje Y por cierto, que conste que yo le he cedido mi puesto en la comida a Jose, pero luego me voy con tus padres a tomar café, he dicho!! Genial como siempre nenita mía :D

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  2. El que no llega a los 30 va a ser el pobre chico

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  3. Jajaja... graciocillos salieron, eh?? Pobre, Jóse!!! Se han pasado, eh? ;) Al fin parece que sientas cabeza, bonita ;) Un abrazoooo!!!

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  4. Por dios contigo y con tu padre... me habéis dejado pegaita a la silla. Pobre Jóse que no sbe la que le ha caido encima con su novia y el padre de su novia. Jejejejeeee... vaya par de dos.

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