lunes, 13 de mayo de 2013

LA MOTA ROSA: hablar con el espejo




Cuando digo hablar con el espejo me refiero al acto (sublime) de conversar con el propio yo. Sí, es sano. No, no es estar majareta ni para que te encierren. ¿No has oído miles de veces a esa vocecita que te chilla y te dice cosas en tu conciencia? Llámalo como te dé la gana, yo lo llamo Pepito Grillo desde tiempos inmemorables. Bueno, no, desde que vi la película de Pinocho y me quedé mosca convencida de que, como la mayoría de los cuentos y fábulas en apariencia infantiles, oculta una tenebrosa moraleja y un mensaje que se me escapa.
A lo que voy, que divago y me convierto en la reina del irse por los cerros de Úbeda. Lo aceptes o no, esa vocecita la tenemos todos. Y suponiendo que la escuches, que es lo mejor que podemos hacer, te propongo que contabilices las veces que sus frases, protestas y consejos son amables.

Yo te lo diré: un 3% de las ocasiones.






Siendo tremendamente generosa.

¿Y por qué? Porque somos duros y exigentes con nosotros mismos, porque nos hablamos como jamás nos atreveríamos a recriminar a un conocido, porque nos echamos en cara cosas que perdonaríamos a otro sin dudar. Eso hace de nosotros nuestro peor enemigo.

Recapitulemos entonces: ¿Somos nuestro mejor amigo o todo lo contrario?

Si lo pensamos despacio, estaremos de acuerdo en que a gritos y a ofensas, nadie aprende. No se nos ocurriría corregir a una amiga que ha cometido un error a base de aullidos de dragón cabreado pero sí lo hacemos con nosotros mismos. Pobres niños escondidos en nuestro interior, siempre asustados, atemorizados e intimidados por un sinfín de reproches y poquísima comprensión.

 
Tendremos, pues, que aprender a hablarnos con dulzura, con cariño, a reprender nuestras equivocadas acciones desde el interés y el amor. Sin censuras, sin rencores porque errar es aprender, porque no hay que ser perfectos, porque hacerlo con voluntad y lo mejor que se puede y sabe, ya es hacer lo máximo. Se supone que debes alentarte con buenas palabras, con mimos, con paciencia… ni más ni menos, que como mínimo, la que tendrías con un extraño.
Si después de meditarlo caes en la cuenta de que nunca lo has hecho, empieza hoy mismo. Cambia radicalmente ese tono abrupto con el que te reprochas lo que deberías haber hecho, lo que deberías haber sabido, lo que deberías haber evitado… ¡Ay, esos debería” cuantísimo daño hacen y qué poca utilidad tienen! Gana peso, gana espacio, congratúlate porque te has percatado de lo que no funcionaba, restablece las pautas de un diálogo interior amable y fructífero.

Y salúdate al espejo cada mañana y dite cosas bonitas. ¿Qué puedes perder? No perderás nada, todo lo contrario.






Y el miércoles, mi Brownie: Alicia Pérez Gil y sus galletas de la suerte. ¿Os he dicho que el Brownie es mi pastel favorito?






2 comentarios: